23 Aug
La canasta de la ayuda fraterna
por Cristo Vive |
Leído 1524 veces | Publicado en Compartir y Evang. de bienes Ultima modificacion el Miércoles, 19 de Septiembre de 2012 08:57
 
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La canasta de la ayuda fraterna*

- TESTIMONIO -
 

El año pasado, con el nacimiento de nuestro hijo Agustín, comenzó para nosotros un tiempo de crisis económica familiar.
 


Comenzó para nosotros un tiempo de crisis económica familiar
 

Cuando Agustín cumplió un mes de vida nos percatamos de que tenía algunos problemas gástricos: reflujo e intolerancia a la lactosa. Fue un tiempo muy difícil. El Señor me invitó a una dieta especial para que el bebé se pudiera alimentar de mi leche, lo cual fue un sacrificio. Sentía que la comida no tenía gusto a nada y que esta situación no acabaría nunca. A medida que pasaron los meses comenzó todo a complicarse más, ya que tuve que volver a trabajar y fui perdiendo de a poco la leche, por lo que Agustín necesitó empezar a tomar mamadera. La leche que podía consumir era especial, solo se conseguía en farmacias y era muy costosa. Luego de las averiguaciones me enteré de que la mutual solo nos cubriría el 40 por ciento de cada lata de leche, que era muy poco.
 

Así nació un tiempo de austeridad en nuestras vidas. Todos los meses fuimos lidiando con esta situación, sacando cuentas para ver si nos alcanzaba para comprar las latas necesarias, resignando gustos personales por la alimentación de nuestro hijo. Admito que muchas veces perdí la esperanza, le dije a Dios que si esta enfermedad era su voluntad, yo la abrazaba pero que me diera los medios económicos para afrontarla. La verdad es que cuando a principio de mes me sentaba a hacer la cuenta de los gastos, me invadía una gran amargura porque no sabía cómo íbamos a hacer para vivir.
 


Cuando volvía llorando del supermercado porque la plata no me había alcanzado, allí estaba “la canasta de la ayuda fraterna”

 

Pero el Señor, que es rico en misericordia, no miró mi falta de fe y mes a mes se hizo presente. Muchos en el mundo lo llamarán “casualidad”; yo descubrí que en realidad es “providencia”. Cada vez que llegaba la boleta de la luz, al aviso de algún impuesto atrasado, o cuando volvía llorando del supermercado porque la plata no me había alcanzado, allí estaba “la canasta de la ayuda fraterna”*. Entonces todo se me volvía a ubicar en el corazón, y me podía acordar de que Dios estaba presente en mi cruz, que los hermanos cargaban con mi dificultad, que la esperanza tenía sentido en mi vida. Económicamente, la canasta no solucionaba todo, pero siempre, mes a mes, fue el mimo, el gesto cercano de Dios que me decía “yo estoy acá con vos, nunca te abandono”, y que les decía a mis hermanos “denles ustedes mismos de comer” (Mc 6, 37). La ayuda fraterna de los hermanos me enseñó a confiar y a amar, poniéndolo todo en común.
 

Hoy el Señor nos bendice con la gracia de que nuestro hijo esté mejor: ya no necesita medicación y toma leche que se consigue en cualquier supermercado, pero la mayor alegría es saber que Dios es providente regalándome una comunidad de hermanos que me sostienen y acompañan.
 

Verónica de Giraudo

Río Tercero

Prov. de Córdoba
 

*La ayuda fraterna consiste en recolectar mensualmente alimentos y mercadería en general entre los hermanos de las comunidades quienes aportan voluntariamente. Luego de orar y discernir, los servidores arman “canastas” para entregárselas a los hermanos que las necesitan.
 

N. de la R.: Verónica tiene 25 años y es maestra integradora


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