15 May
Un cambio de raíz
por Editorial |
Leído 323 veces | Publicado en Cristo Vive Nº207 Ultima modificacion el Lunes, 15 de Mayo de 2017 18:53
 
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MUNDO NUEVO.-


Como cristianos estamos llamados a construir un mundo nuevo.


La misericordia es capaz de provocar una gran transformación en nuestra convivencia social. Esto comienza a partir de la experiencia de recibir el amor de Dios, de descubrir que Él nos pensó como hijos suyos y eso es lo que provoca un cambio de raíz en nosotros. Estamos invitados, entonces, a vivir y a transmitir a otros esta experiencia creacional para reparar las heridas que causa la falta de amor. Esta misión se concreta desde cada carisma de la Iglesia en el envío a evangelizar y anunciar la vida de Jesús.

En el Evangelio, el Señor nos muestra qué camino debemos seguir para desarrollar esto: “Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores” (Mt 5,44). Esto se refiere no solo a nuestras familias y amigos, sino también a aquellos con quienes nos cuesta más tener estas actitudes. Nos invita a darnos a nosotros mismos precisamente a los que no nos quieren, a los que nos causan daño, a los enemigos.

El camino del cristiano, evidentemente, no es fácil. Por eso el Papa nos sugiere “ir por el camino de Jesús, que es la misericordia: ‘Sean misericordiosos, como el Padre de ustedes es misericordioso’ (Lc 6,36)”. Porque “solamente con un corazón misericordioso podremos hacer todo lo que el Señor nos aconseja, hasta el final”1, en cada ámbito de la vida donde desarrollamos nuestra historia.

• EN LA VIDA FAMILIAR

El amor tiene un lugar fundamental en la familia. Es el motor para la vida y el desarrollo familiar. A veces no lo tenemos en cuenta y lo naturalizamos: nos queremos y listo, con eso alcanza. En ciertos casos, es una carencia, una ausencia.

La misericordia repara y restaura la falta de amor en la vida familiar. Así, Dios reconstruye los vínculos familiares. Él nos comparte su propia experiencia familiar en la Trinidad y, en alianza con Él, nos ayuda a hacer una nueva experiencia familiar.

De este modo, nos invita a fundar una nueva familia no desde la experiencia y las heridas que tengamos sino desde su amor y la imagen familiar que Él revela.

Dios nos pide que no rompamos las vinculaciones familiares, sino que las hagamos flexibles, elásticas, desde la compasión, la paciencia, el perdón, el agradecimiento y la donación. Es su misericordia expresada en estos gestos lo que transforma los vínculos familiares.

Somos responsables de cuidar y hacer crecer este amor en nuestras familias. Podemos preguntarnos, por ejemplo, qué es lo que ocurre cuando hay un desencuentro en la familia: ¿cómo se resuelve? ¿Favorecemos el diálogo y el encuentro o solo hay lugar para la pelea?

Debemos pedirle a Dios con insistencia la vida de este amor, porque solo así habrá un cambio de raíz en la convivencia familiar.

• EN EL TRABAJO Y EL ESTUDIO

En la Palabra, Dios nos exhorta a dar generosamente, sin medidas y sin tener en cuenta el mal recibido: “Den, y se les dará. Les volcarán sobre el regazo una buena medida, apretada, sacudida y desbordante” (Lc 6,38).

Quienes trabajan o estudian pasan muchas horas conviviendo con otros, a veces más tiempo que con su familia. El desafío de vivir como verdaderos cristianos se juega en estos ámbitos. ¿Cómo trabajo? ¿Con qué dedicación me formo para ser profesional?

Tenemos una misión concreta, entonces es necesario preguntarnos para qué estudiamos y trabajamos, y por qué y para qué estamos en esos lugares.

La misericordia nos acerca a todos, incluso a aquellos que nos dañan o maltratan, ya se trate de nuestro jefe o profesor, un compañero de trabajo o estudio, un empleado, etc. Este amor es creador de puentes porque nos acerca a quien no comparte nuestros criterios ni nuestras opciones de vida, y siempre nos invita a apostar por la justicia, a decir la verdad y tratar a los otros con caridad, a ser honestos y honrados, a ofrecernos primero frente a las necesidades.

Vivir esto solos es difícil, por eso un camino posible es la conformación de fraternidades laborales-profesionales que nos sostengan y alimenten desde la formación, el compartir fraterno y la oración en común. Eso último será esencial: para poder ser instrumentos de transformación, será necesario recurrir a la fuerza de la oración. Ella hará de nosotros discípulos en el mundo del trabajo.

• FUNDAR UNA ORGANIZACIÓN SOCIAL CRISTIANA

“Hagan por los demás lo que quieren que los hombres hagan por ustedes” (Lc 6,31), dice la Palabra. Esta es la “regla de oro” de la convivencia humana, sobre la que se fundamentan relaciones sociales justas y fraternas. Jesús expande este principio a todos los hombres, exigiendo a sus discípulos no solo no hacer el mal, sino buscar el bien de los demás, incluso de los enemigos, como quisiéramos que los otros lo hicieran con nosotros.

Allí mismo, Jesús también nos dice: “Sean misericordiosos como el Padre de ustedes es misericordioso” (Lc 6,36).

La misericordia une, acerca en las diferencias y nos permite convivir con otros diferentes a nosotros. Ella nos arrima al desconocido como a un hermano, invitándonos a tener un corazón universal y solidario.

Podemos preguntarnos, entonces ¿qué es lo que nos propone la misericordia en este tiempo, qué gestos concretos y cotidianos nos invita a hacer?

En la búsqueda por construir una nueva organización social cristiana, el desafío es salir del ámbito conocido y preguntarle a Dios qué necesita de nosotros. La transformación empieza en nuestro interior pero se despliega hacia afuera, hacia los demás.

Por eso la invitación es a amar al prójimo, a hacer el bien a todos, a donarnos gratuitamente, a prestar sin esperar recompensa, a no reaccionar con violencia sino poner la otra mejilla. Dios hace todo eso con nosotros. Él nos ama y se ofrece por cada uno primero para que podamos hacerlo también nosotros.

Diaconía Laboral

Movimiento de la Palabra de Dios


1. Homilía en Santa Marta, Ciudad del Vaticano, 11/09/2014.


N. de la R.: Extracto de una charla ofrecida en octubre de 2016 en la Jornada de la Civilización Nueva que se realiza en los Centros pastorales de la Obra.

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