15 May
Una fuente inagotable
por Editorial |
Leído 310 veces | Publicado en Cristo Vive Nº207 Ultima modificacion el Miércoles, 07 de Junio de 2017 18:21
 
tamaño fuente reducir tamaño fuente aumentar tamaño fuente
Vota este articulo
(0 votos)

ENSEÑANZA APOSTÓLICA.-


¿Dónde encontrar plenitud, belleza, justicia y bondad infinitas?


•"CREO EN EL ESPÍRITU SANTO QUE ES SEÑOR"

La primera verdad a la que nos unimos en el Credo es que el Espíritu Santo es Kýrios (“Señor”). Esto significa que Él es verdaderamente Dios como lo son el Padre y el Hijo, objeto entonces, por nuestra parte, del mismo acto de adoración y de glorificación que dirigimos al Padre y al Hijo. El Espíritu Santo es la tercera Persona de la Santísima Trinidad; es el gran don de Cristo resucitado que abre nuestra mente y nuestro corazón a la fe en Jesús como el Hijo enviado del Padre que nos guía a la amistad, a la comunión con Dios.

Él es la fuente inagotable de la vida de Dios en nosotros. Los hombres desean una vida plena y bella, justa y buena, que no sea amenazada por la muerte, sino que pueda madurar y crecer hasta su plenitud. El hombre es como un viajero que, atravesando los desiertos de la vida, tiene sed de un “agua” viva, efusiva y fresca, capaz de saciar profundamente su deseo hondo de luz, de amor, de belleza y de paz. ¡Todos sentimos este deseo! Y Jesús nos dona esta “agua viva”: el Espíritu Santo, que procede del Padre y que el Hijo reserva en nuestros corazones. Así, nos asegura: "Yo he venido para que las ovejas tengan Vida, y la tengan en abundancia" (Jn 10,10).


•EL"AGUA VIVA"

Jesús promete a la Samaritana darle "agua viva", con sobreabundancia y para siempre (Cf. Jn 4,5-26). Él ha venido a darnos esta "agua viva" que es el Espíritu Santo para que nuestra vida sea guiada y animada por Dios. Cuando nosotros decimos que el cristiano es un hombre espiritual, entendemos precisamente que es una persona que piensa y actúa según Dios, según el Espíritu Santo. Entonces podemos preguntarnos si pensamos y actuamos según Dios o si en realidad nos dejamos guiar por otras cosas.

¿Por qué el Espíritu, esta agua, puede apagar nuestra sed definitivamente? Nosotros sabemos que el agua es esencial para la vida, porque sacia, lava, hace fecunda la tierra. "El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que nos ha sido dado" (Rom 5,5). El "agua viva", el Espíritu Santo, nos purifica, nos ilumina, nos renueva, nos transforma porque nos hace partícipes de la vida de Dios que es amor. Por eso, san Pablo afirma que la vida del cristiano está animada por el Espíritu y sus frutos, que son "amor, alegría y paz, magnanimidad, afabilidad, bondad y confianza, mansedumbre y templanza" (Gál 5,22-23).


•"UN DON PRECIOSO"

San Pablo expresa el obrar del Espíritu con estas palabras: "Todos los que son conducidos por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Y ustedes no han recibido un espíritu de esclavos para volver a caer en el temor, sino el espíritu de hijos adoptivos, que nos hace llamar a Dios Padre. El mismo Espíritu se une a nuestro espíritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios. Si somos hijos, también somos herederos, herederos de Dios y coherederos de Cristo, porque sufrimos con él para ser glorificados con él” (Rm 8,14-17). Este es el don precioso que el Espíritu Santo lleva a nuestros corazones: la vida misma de Dios, vida de verdaderos hijos, con una relación de confidencia, de libertad y de confianza en el amor y en la misericordia de Dios. Esto tiene como efecto también una mirada nueva hacia los otros, cercanos y lejanos, vistos siempre como hermanos y hermanas en Jesús para respetar y amar. El Espíritu Santo nos enseña a mirar con los ojos de Cristo, a vivir la vida como la ha vivido Él y a comprenderla como Él lo hizo. Es por eso que el “agua viva”, el Espíritu Santo, sacia nuestra vida, porque nos dice que somos amados por Dios como hijos, que podemos amar a Dios como sus hijos y que con su gracia podemos vivir como hijos de Dios, como Jesús.

Dejemos que el Espíritu nos guíe y nos hable al corazón. Así podremos escuchar con claridad lo que solo Él nos puede decir: que Dios es amor, siempre nos espera, y que es nuestro Padre y nos ama por completo. Escuchemos al Espíritu Santo y vayamos adelante por este camino del amor, de la misericordia y del perdón.

Francisco


1. Homilía en Santa Marta, Ciudad del Vaticano, 11/09/2014.


N. de la R.: Extracto de una charla ofrecida en octubre de 2016 en la Jornada de la Civilización Nueva que se realiza en los Centros pastorales de la Obra.

Deje su Comentario