21 Sep
Recursos humanos: la caridad con el desempleado
por Cristo Vive |
Leído 1241 veces | Publicado en Evangelización de la cultura Ultima modificacion el Viernes, 21 de Septiembre de 2012 14:09
 
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Hay gestos de amor que pueden ayudar a otros a superar las situaciones difíciles.



Un día llegué a mi trabajo, como de costumbre, pero cuando intenté ingresar me dijeron que ya no pertenecía a la empresa.

Estaba muy angustiado pero tenía que seguir adelante, debía buscar otro trabajo. Sin embargo, sabía que, por algún motivo, había tenido que pasar por esta situación: el Señor tenía preparado algo grande para mí.Hacía solo tres meses que me había casado y me estaba quedando sin empleo y sin dinero porque la empresa no me había pagado ni siquiera un centavo de indemnización.
  

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Entonces comencé a buscar empleo y decidí estudiar para no desperdiciar mi energía en preocupaciones sin poner los medios para encontrar una solución. Busqué cursos que podría hacer, me gustó el contenido de la carrera de Relaciones del Trabajo y me anoté. Entonces le dije al Señor: “Ahora no solo vas a tener que ayudarme a conseguir empleo, sino que vas a tener que ayudarme también con la carrera”.
 

Luego de un tiempo conseguí trabajo como auditor interno en una empresa y al año y medio me promocionaron al área de Recursos humanos.
 

El Señor fue mostrándome en este puesto cómo servirlo en las distintas tareas que me encomienda.
 

Cuando selecciono personal, recuerdo que hace no mucho tiempo era una de esas personas que necesitaba un empleo. En este lugar le puedo ofrecer al Señor cada mañana que tengo que hacer una entrevista y cada persona que llega nerviosa para ser entrevistada.
 

Hasta ahora me había tocado la parte “linda” del sector: contratación, beneficios, capacitación, entre otras tareas; pero hace unas semanas nos informaron que debíamos hacer una lista, ya que la dirección tenía la intención de despedir personal.
 


Un día llegué a mi trabajo y me dijeron que ya no pertenecía a la empresa
 

Los malos recuerdos y las feas sensaciones se me hicieron presentes: el Señor volvía a ponerme en la misma situación que hacía un tiempo, pero esta vez me ubicaba “del otro lado”.

Debía hacer algo distinto porque el Señor me decía: “Me amaste cuando amaste a cada uno de los que fueron despedidos” (Cf. Mt 25). Pero ¿qué hacer desde este lugar cuando todo parece poco ante tan mala noticia?
 

Entonces tuve una idea para poder amar: busqué en Internet avisos de empleo para los distintos perfiles referido a la gente que se iba a despedir.
 

El día llegó. No voy a olvidar cada cara ni cada llanto; la gente, a pesar del dolor, se sintió contenida y agradecida porque les acerqué avisos para mandar sus currículum y les ofrecí hacerles una carta de recomendación si lo consideraban necesario; sabían que podían contar conmigo.
 

El Señor me decía: “Yo los abracé en cada abrazo que les diste” y, mientras tanto, sanaba la herida de mi pasado laboral, el rencor y la impotencia que me había producido ser despedido. Cada lágrima que derramé fue sustituida por el perdón.
 

Atrás quedaba el recuerdo de mis anteriores empleadores, y me resonaban las palabras de Jesús en la cruz: “Perdónalos, porque no saben lo que hacen”. En mi corazón permaneció este llamado de Dios que me pide hacer, cada día, que mi trabajo sea distinto, que sea luz entre tanta oscuridad.

 

Ariel Jaime

Centro de Santa María de los Ángeles

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