12 Mar
Tiempo libre y “tiempo muerto”
por Cristo Vive |
Leído 1968 veces | Publicado en Evangelización de la cultura Ultima modificacion el Martes, 12 de Marzo de 2013 11:59
 
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tiempo_2Cuando desatendemos nuestras obligaciones, a veces no sabemos qué hacer en nuestro momento de esparcimiento y lo malgastamos: al final del día, descubrimos que no lo aprovechamos. Esta es una buena ocasión para reflexionar sobre cómo proyectar y aprovechar mejor el año para que nuestras horas libres estén llenas de vida.
 

El tiempo, como unidad temporal, puede ser medido en segundos, minutos o años; pero también en emociones vividas y otro tipo de circunstancias. Lo vivimos con mucha subjetividad e incluso lo personalizamos: el tiempo corre, vuela, pasa y sentimos perderlo o ganarlo.
 

Podemos preguntarnos: ¿qué es el tiempo para mí? ¿Qué es tiempo libre y qué es tiempo ocupado? ¿Qué me significa el tiempo muerto? ¿Cómo vivenciaba el tiempo cuando era niño/a y ahora que soy joven o adulto? ¿Mediremos igual el tiempo en el campo o en la ciudad? ¿Experimentamos del mismo modo al tiempo durante el año, en época de exámenes, en medio de un proyecto laboral o iniciando un período de vacaciones?
 

En la sociedad moderna y tecnológica, las cosas se nos facilitan: más servicios, más transportes, más comunicación y más máquinas que hacen las cosas por nosotros. Todo esto, supuestamente, para tener más tiempo de ocio y descanso; pero, paradójicamente, corremos, nos estresamos más y experimentamos que no nos alcanza el tiempo. En el mundo en que vivimos, pareciera estar prohibido perder el tiempo porque hay que producir, ser eficiente y rápido (¡cuánto más, mejor!). Todos experimentamos de manera diferente el tiempo y, sin embargo, el día tiene las mismas 24 horas. La diferencia no está en el tiempo que tenemos, sino en cómo lo usamos.
 

El tiempo es la sustancia de que estoy hecho”, expresó sabiamente Jorge Luis Borges (1). Somos en el tiempo, nos movemos en él; administrar nuestro tiempo y disfrutarlo es administrarnos a nosotros mismos.
 

En la Biblia se dice que mil días pueden resultar como un año (Cf. Sal 90) y también que hay tiempo para todo: para sembrar y cosechar, para vivir y para morir (Cf. Ecl 3, 1-9). San Pablo nos enseña: “Miren atentamente cómo viven, y no procedan como necios sino como personas sensatas, aprovechando bien el tiempo” (Ef 5, 16). Dios descansó el séptimo día de la creación y Jesús invitó a sus discípulos a recuperar fuerzas en lugares tranquilos en diversas ocasiones. El tiempo libre debe ser un tiempo de descanso, renovación y recreación de nuestras energías para la realización gozosa de la tarea a la que fuimos llamados. Por eso, hay que aprender a descansar y a planificar asertivamente nuestros descansos.
 

Una clave es administrar los momentos del día para no vivir agitados, tensos y dominados por el reloj, corriendo de acá para allá, sin disfrutar del tiempo libre o usándolo mal. Reflexionemos: ¿quién controla lo que hago en mi día: yo, los demás, las actividades...?, ¿qué prioridades tengo y cuáles me impone el ambiente?
 

Los momentos de ocio son importantes
 

tiempo_1Dicho por psicólogos, médicos y maestros –y experimentado por nosotros mismos– es claro que necesitamos tiempo y espacios libres propios para crecer, descansar, recuperar fuerzas y desarrollar nuestra personalidad. En este sentido es necesario volver a aprender a “perder el tiempo”.
 

Entendemos como tiempo libre al que no dedicamos a una actividad reglada y sujeta a horario (como el trabajo o el estudio). El tiempo libre tiene una capacidad virtual, es aquel que tenemos a nuestra disposición y podemos utilizar adecuadamente o malgastar. Es algo así  como un envase precioso en el que podemos introducir algo que nos gusta o interesa mucho.
 

Diferentes estadísticas indican que escuchar música, ir a fiestas, salir con amigos, practicar deportes, conectarse a Internet y a las redes sociales son las actividades que mayoritariamente ocupan el tiempo libre de las personas. En el caso de los jóvenes, su mayor preocupación es no aburrirse y la de los padres, que usen el tiempo en algo “productivo”. Se suele escuchar a padres de familia decir: “mi hijo no hace nada”, “se la pasa en la cama todo el día” o bien: “lo único que hace es escuchar música” o “no se despega de la computadora”.
 

Pensar en la juventud y el tiempo libre es pensar en diversión, esparcimiento, creación y aprendizaje, pero también es pensar muchas veces en consumo. Preguntémonos: ¿qué buscan hacer los adolescentes?, ¿qué eligen?, ¿qué alternativas se les presentan?, ¿son ellos los que eligen o son ellos los elegidos para que consuman una cantidad de servicios que el mercado ofrece? De estas posibles respuestas se desprende la importancia de la orientación familiar y de otros adultos de referencia para que el joven haga una reflexión que pueda ayudar a que sus elecciones sean más saludables y autoconscientes.
 

Pero no solo en los jóvenes, sino también en los adultos es importante trabajar formativa y educativamente en la desvinculación ocio-consumismo. Quizás uno de los mayores inconvenientes de nuestra sociedad actual es el haber convertido el ocio en consumo. Hay gente que piensa que en el tiempo libre hay que consumir y gastar, y que si no tiene dinero en el bolsillo (o tarjeta de crédito en la billetera) se le arruinó el fin de semana, porque no hay qué hacer.
 

Todas las personas necesitamos tiempo para encontrarnos con nosotros mismos. No estar haciendo algo concreto no es igual a no estar haciendo nada. La persona más ocupada puede resultar la más aburrida porque hacer cosas no es sinónimo de no aburrirse. Y puede ocurrir también que los padres exijan a sus hijos actividades para las que no los hayan estimulado; por ejemplo, hay padres que no leen pero quieren que sus hijos sean buenos lectores y delegan en la educación formal toda motivación. O tienen una mirada crítica hacia “ese ruido que escucha mi hijo y que él llama música” y no se interesan en escucharla y entenderla.
 

Además, es clave que adolescentes, jóvenes y adultos aprendamos a defendernos de las presiones del entorno social y, al mismo tiempo, a integrarnos en grupos donde cada uno pueda ser aceptado con sus peculiaridades, gustos y aficiones particulares y sentirse a gusto allí.
 

Aprovechar nuestros ratos de ocio
 

tiempo_4Podemos elegir vivir un tiempo libre alienado o un tiempo libre no alienado. Cicerón (filósofo y ensayista romano) se refirió al “otium cum dignitate”, lo que puede traducirse como “tiempo libre con dignidad”. Esto quiere decir que un ocio adecuado no solo nos hace más creativos, sino más dignos, porque la dignidad es algo que poseemos todas las personas pero que hemos de edificar y construir para no malgastar nuestras capacidades.
 

El tiempo libre puede ser una aventura humana para el enriquecimiento propio y la exploración del mundo circundante. Posee dos dimensiones: una individual (como un proyecto de realización y crecimiento personal, el cultivo de la interioridad) y otra participativa, colectiva, social, comunitaria, comunicativa y convivencial. Esta última lleva a descubrir y compartir afinidades y proyectos con otros: deporte, voluntariado, realización en equipos de actividades culturales, etc., e invita a la comunicación y a la convivencia, incluso, a un compromiso con ideales de creación y de extensión cultural, social y espiritual.
 

Es importante el reconocimiento del derecho al trabajo y al estudio pero no lo es menos el derecho al descanso y al uso del tiempo libre. El derecho al ocio comienza con una buena información; las personas deben conocer qué hacer y dónde. ¿Dónde practicar algún deporte, realizar campamentos, acudir a una biblioteca pública o conocer cursos y actividades de grupos? Los grupos de la Iglesia, las ONG, las instituciones barriales, municipales o estatales deben siempre informar sobre sus ofertas culturales, deportivas y recreativas microturísticas, de ayuda y voluntariado social…
 

Existen múltiples propuestas y modalidades de carácter orientativo para un disfrute que no sea pasivo, rutinario ni alienado de nuestro tiempo libre. Es recomendable elegir de acuerdo con nuestra personalidad, gustos, aficiones, aptitudes, inquietudes deportivas, intelectuales, culturales, sociales y espirituales. A continuación, pueden verse algunas posibilidades:
 

Actividades para conocer y vivir la naturaleza

• Caminatas, campamentos, senderismo y montañismo.

• Visitas a parques naturales y actividades ecológicas.

• Cuidado de plantas y jardinería doméstica.
 

Actividades literarias

• Bibliotecas, ferias del libro, librerías.

• Talleres literarios, clubes de lectura.

Visitas y paseos

• Lugares de interés: histórico, artístico, cultural.

• Museos y exposiciones. Actividades de recuperación de tradiciones populares: música, danza, artesanía, gastronomía.

Asistencia a espectáculos y actos culturales

• Cine y teatro, espectáculos musicales, competencias deportivas.

• Manifestaciones interculturales e interétnicas.

• Charlas-coloquios.

• Video, cine o teatro fórum.

• Conferencias y debates.
 

Práctica del deporte

• Individuales y/o colectivas: atletismo, natación, gimnasia, bicicleta, fútbol, tenis, vóley, básquet, pádel, caminatas, etc.

Fomento de la creatividad y aprendizajes diversos a través de:

• Talleres y cursos: fotografía, pintura y dibujo; escultura; danza y baile; teatro, clown, danza; magia; música e instrumentos musicales; cocina, etc.

Manualidades

• Bricolaje, miniaturas, cerámica, tejido, artesanías…

Juegos de salón y de mesa

• Billar, metegol, ajedrez, damas, dominó, naipes, etc.
 

Coleccionismo

• Pins, figuritas, estampillas, monedas, antigüedades, cajas, cerámica, arte, etc.

Utilización selectiva de medios de comunicación, nuevas tecnologías y juegos on-line

• Juegos individuales o colectivos.

• Medios de comunicación: televisión, radio, diarios digitales, internet, redes sociales...

Cultivo de la amistad

• Diálogo con amigos, fiestas, chat, redes sociales.

• Encuentros y salidas familiares.

Tareas compartidas.
 

Cultivo de la vida interior

• Espacios de oración, lectura de la Palabra de Dios, de un buen libro de espiritualidad, de encuentro fraterno, momentos de reflexión personal y proyección de la vida.
 

Asociacionismo, participación y voluntariado. Trabajo solidario con otros y para otros.

• Organizaciones y asociaciones: juveniles, ecologistas, ONG.

• Pastorales, espirituales, misiones…

• Pacifistas, pro-derechos humanos

• Integración e inclusión: con niños, con personas con necesidades especiales: minusválidos físicos, psíquicos, enfermos, minorías étnicas, ancianos, etc.


Si aprendemos a vivir un tiempo libre creativo, estaremos mejor preparados para no dejarnos arrastrar por modas o presiones grupales. Y descubriremos que este tiempo es un valor que, adecuadamente desarrollado, posibilita la construcción de una personalidad fuerte e íntegra que favorecerá muchos otros valores como, por ejemplo, la creatividad, la imaginación, la valentía, el autocontrol, la capacidad de decisión, el equilibrio, las destrezas de participación, la solidaridad, la comunicación, la aceptación de uno mismo, entre otros.


En suma, debemos
 

  • Apostar decididamente por un concepto activo y positivo de ocio, que favorezca el desarrollo personal y la creatividad, el descubrimiento de metas propias y el autoconocimiento, la reflexión y el encuentro con Dios.
  • Rechazar enérgicamente el concepto simplista de que el ocio consiste en no hacer nada. El tiempo libre es para hacer y crear, nunca confundirlo con “no hacer nada”.
  • Aprender a valorar el tiempo libre y de descanso como un factor de equilibrio para lograr un desarrollo armónico de la personalidad. Las características de nuestro sistema de vida deben llevarnos a buscar una correcta utilización del tiempo libre, la compensación creativa y lúdica de las deficiencias repetitivas y mecánicas de nuestros hábitos cotidianos.
  • Diferenciar tiempo libre de consumo. No es necesario consumir para gozar del tiempo libre.
  • Generar dinámicas de comunicación y afectividad para compartir con otros (familia, amigos, hermanos, compañeros) el tiempo libre, y vivir conjuntamente experiencias enriquecedoras de crecimiento personal, espiritual y social.
  • Mentalizarnos para considerar que es tan importante aprender, estudiar y trabajar como descansar, recrearnos asertivamente y tener tiempo para el crecimiento de la vida de oración e interioridad. Esto permitirá que desarrollemos inquietudes, creatividad e imaginación y que aprendamos a expresarnos libremente desde lo que somos.


Ciertamente, en todo esto se ponen en juego las palabras de Jesús, cuando afirma: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10, 10).
 

Verónica Di Caudo*

Nazaret femenino de Quito

 Ecuador
 

(1) “Nueva refutación del tiempo”, en Otras inquisiciones..

*Verónica es Lic. en Ciencias de la Educación, magister en Ciencias Sociales y Humanidades, y trabaja como docente universitaria.
 

Publicado en la revista Cristo Vive ¡Aleluia! nº186.

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