23 Aug
“¡Somos felices ayudando al que lo necesita!”
por Cristo Vive |
Leído 11278 veces | Publicado en Jóvenes Ultima modificacion el Miércoles, 19 de Septiembre de 2012 08:57
 
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Todos los sábados a la tarde, luego de su reunión comunitaria, ocho jóvenes visitan a los pacientes internados en un hospital. No son enfermeros ni médicos, pero en cierta forma curan la soledad.




En estos tiempos en los que se debate sobre el valor de la vida, un grupo de jóvenes del Movimiento de la Palabra de Dios ayudan a aquellos que están en situaciones críticas de salud en el Hospital Álvarez. Más allá de los servicios de asistencia médica que ofrece la institución, los voluntarios aportan un componente afectivo que muchas veces es escaso. Uno de ellos es Gonzalo Pastrana, quien resume lo que significa para él asistir a los enfermos cuando afirma: “Saber que por lo menos puedo compartir una parte de mi sábado con alguien que realmente necesita y valora mi tiempo me hace sentir pleno, y más al ver que lo que nosotros pensamos que es tan poco, para ellos es muchísimo”.

somos_felices1Belén Rodríguez y Clara Vita explican cómo surgió este servicio. Cuentan que la Navidad del año pasado decidieron hacer algo diferente, salir “de la rutina comercial que muchas veces se propone para las fiestas e ir al encuentro de aquellos que están enfermos y solos” en una fecha en que la soledad se hace más notoria porque muchas personas con sus familias y amigos. Entonces, invitaron a los jóvenes del Centro pastoral Janer a pasar la Navidad en el hospital y participaron de la Eucaristía que se realizó en una de las salas. “¡Vinieron 20 hermanos! –comenta Clara–. Y otros que no pudieron venir nos ayudaron a decorar con tarjetas algunas plantas que donaron. Luego, las llevamos al hospital para repartirlas entre los pacientes, sus familias, las enfermeras y los médicos que pasaron esa noche haciendo guardia”.


El Hospital General de Agudos Dr. T. Álvarez se encuentra en la ciudad de Buenos Aires, en el barrio de Flores, a diez cuadras del colegio Ana María Janer donde hay grupos del Movimiento. Cuenta con servicios en especialidades médicas de adultos y pediátricas, equipo gerontológico, salud mental, guardias psiquiátricas y servicio de auto-ayuda y asesoramiento sobre adicciones. La institución tiene más de 250 camas para internación. Los chicos de Janer que colaboran como voluntarios visitan el área de Clínica Médica que cuenta con dos salas para hombres y dos para mujeres. Ayudan a comer a aquellas personas que no pueden hacerlo por sus propios medios, comparten el tiempo con los pacientes que están solos y también conversan con sus familias si están presentes. “Muchas veces, los enfermos solo tienen por compañía a otro familiar enfermo. Oramos con aquellos pacientes que nos lo piden y en varias oportunidades les leemos el Evangelio y rezamos el rosario”, explica Belén, la primera del grupo que se lanzó a vivir esta experiencia y se animó a invitar a otros jóvenes. Hoy, son ocho los que visitan a los enfermos dos horas por semana.

Oramos con aquellos pacientes que nos lo piden

y en varias oportunidades

les leemos el Evangelio y rezamos el rosario


De lunes a domingo, el servicio está principalmente sustentado por las hermanas de la Parroquia La Visitación –que está situada a cuatro cuadras del hospital–, con quienes los servidores se encuentran todos los sábados y comparten la tarea de “alimentar a los enfermos”. También está encargado el Padre Andrés, capellán del Hospital; por medio de él los chicos comenzaron a participar.


No es sencillo ser voluntario en un hospital. Benedicto XVI, en la Jornada Mundial del Enfermo (JME) de febrero de 2010, habló del dolor de quienes permanecen mucho tiempo cerca de personas que sufren; inevitablemente, ellos “conocen la angustia y las lágrimas”. Sergio Franco, otro de los ocho voluntarios, explica cómo les afecta a ellos: “A veces es duro ver sufrir por dolores físicos a los pacientes y descubrir que no tenemos palabras de aliento para darles”. Y Belén añade: “Lo más difícil es irnos y ver que ellos se quedan solos”.
 

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Encariñarse con los pacientes es un riesgo inevitable, y los voluntarios naturalmente se entristecen también cuando alguno abandona este mundo. Pero el contacto con la muerte, lejos de provocarles rechazo o temor, los incentiva a reconocer las virtudes que pueden ennoblecer al ser humano que vive sus últimos momentos. Sebastián Croxatto recuerda con cariño a una paciente en particular: “Cada sábado que entraba en la sala, ella me recibía con una sonrisa que me alegraba el día. En cada conversación que teníamos, entre las anécdotas e historias de vida que contaba, pude ver, a pesar de su enfermedad, a una mujer fuerte que quería seguir apostando a la vida más allá de las dificultades”.
 

En este ida y vuelta de afecto y compañía, quienes permanecen junto a los enfermos “conocen el milagro de la alegría, fruto del amor”, como señaló el Papa. Y aprenden de las personas a quienes sirven, reciben cuando dan. Cuenta Gonzalo que “una señora que había sufrido mucho en la vida nos decía que más allá de todas las cosas malas que le habían hecho, ella perdonó a quienes la agredieron. Y a mí, que tanto me cuesta perdonar a la gente por cosas diminutas, me sorprendió cómo una persona que estaba postrada en cama me daba testimonio de cómo amar. A través de sus palabras, me di cuenta de que Dios me seguía invitando a perdonar a quienes todavía yo guardaba rencor”.

Ayudando al que nos necesita no solo estamos haciendo lo que debemos sino que, por sobre todas las cosas, ¡estamos siendo felices!

Benedicto XVI ahondó en el sentido trascendente del sufrimiento humano al decir que “los enfermos y todos los que sufren son, en la Iglesia, no solo destinatarios de atención y cuidados, sino aún antes y sobre todo, protagonistas de la peregrinación de la fe y de la esperanza, testigos de los prodigios del amor, de la alegría pascual que florece de la cruz y de la resurrección de Cristo”. Los voluntarios del hospital son evangelizadores y testigos del paso de Jesús semana tras semana por la vida de los enfermos: “El servicio –así lo describe Clara– es la expresión física de agradecimiento al mundo y de aprecio por el milagro que es la vida. Ayudando al que nos necesita no solo estamos haciendo lo que debemos sino que, por sobre todas las cosas, ¡estamos siendo felices!”.
 

Que la felicidad se encuentre en brindar compañía al que no la tiene, ofreciendo ayuda práctica y palabras de aliento, en entregar el dolor, el límite, en ser agradecido y en valorar la vida solo es posible si Dios está presente, actuando en los corazones. A partir del testimonio de los servidores y de las personas que visitan, es posible preguntarse, como lo hace el Papa: “El sufrimiento aceptado y ofrecido, el compartir sincero y gratuito ¿no son quizás milagros del amor?”.
 

Por Lara Salinas
 

Navidad 2011
Para este fin de año los jóvenes voluntarios pretenden acercar a los pacientes internados en el hospital algunos regalos. Para ello comenzaron a recolectar jabones, jaboneras, toallas de manos y tazas de plástico. Quienes quieran colaborar en la campaña pueden conectarse con ellos enviando un correo electrónico a Clara Vita ( Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla ) y Belén Rodriguez ( Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla ). 

Publicado en la Revista Cristo Vive nº180.


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