12 Mar
Dejar el cigarrillo otra vez
por Cristo Vive |
Leído 1709 veces | Publicado en Jóvenes Ultima modificacion el Martes, 12 de Marzo de 2013 11:57
 
tamaño fuente reducir tamaño fuente aumentar tamaño fuente
Vota este articulo
(0 votos)

TESTIMONIO -


A los 19 años, Stefano se dio cuenta de que, para seguir a Jesús, debía seguir una “dieta espiritual”.

 

El retiro de Pascua cambió mi vida. Hasta ese día, yo mismo me “permitía” casi sin culpa seguir con lo de siempre: fumaba, salía mucho, estudiaba poco y tenía otras actitudes que me alejaban de Dios. Sabía que durante ese retiro iba a volver a encontrar las fuerzas para dejar el cigarrillo nuevamente, después de un intento fallido, y encaminar mi vida.
 

dejar-cigarrillo-eAlgo que me agradaba de la idea del retiro era que se iba a realizar en la ciudad de Salto, lejos de mi familia, por lo tanto iba a poder “dejar fluir” mis emociones, sin ningún tipo de riesgo o inhibición. Lo cierto es que la mañana del primer día del retiro, antes de subirme al coche, fumé mi último cigarrillo.
 

Una vez comenzado el encuentro, fui orando a Dios para que viniera a habitar en mi corazón porque quería –o, mejor dicho, quiero– vivir mi vida junto a Él. De a poco fui rezando más profundamente y con más fuerza, cantando con el corazón, dejando que Dios ocupara su trono en mi corazón y que se hiciera parte de mi vida. Sentí que Dios quería habitar en mí. Yo le quería dar el lugar más privilegiado, el que le corresponde.
 

En el segundo día sentí que Jesús me iba haciendo libre, que al morir en la cruz me liberaba de las cadenas que me quitaban la libertad. También veía la cruz como símbolo del perdón, de la misericordia de Dios. Jesús, muriendo en ese madero, me perdonaba de mis pecados y me liberaba de mis cadenas a las cuales yo mismo me había colgado y que no me podía sacar. Sentí que Dios rompía esas cadenas y que con su perdón me abría los brazos para que yo volviera a su casa.
 

Agradecí y bendije a Dios por la familia que me había dado, principalmente por mamá que fue tan insistente y quiso plantar esta semilla de la fe en mi corazón tantas veces y con tanto amor, la semilla que tantas otras rechacé porque me avergonzaba y emocionaba; también daba gracias por mi padre y por todo que hace para que estemos bien, por su amor y sacrificio entregado durante todos estos años. Pensando en ellos sentí un gran arrepentimiento por las veces en que los había desvalorizado. También tuve presentes a mis dos hermanos y le pedí a Dios que formara parte de nuestro vínculo,que mejorara mi trato con ellos y habitara entre nosotros.
 

"El retiro de Pascua cambió mi vida".
 

Luego de recibir el sacramento de la Reconciliación y durante una dinámica, sentí que había sido perdonado por Jesús pero que algunas marcas de mis pecados permanecían en mí. Tenía la certeza de que Dios no se fijaba en ellas y me invitaba a que yo hiciera lo mismo y me convirtiera a una vida nueva según el Evangelio. Sentí que Él estuvo sosteniéndome, tomándome de la mano durante toda mi vida; entonces me arrepentí por no haber respondido al llamado en primera instancia y por haber dejado que el mundo me arrastrara.

Durante la misa del domingo me propuse a seguir un “régimen”: recibir el cuerpo de Cristo a diario, no descuidar la oración personal y comenzar a caminar la vida en comunidad. ¡Creo que estas cosas, junto con el sacramento de la Reconciliación y la Palabra, han sido los pilares fundamentales sobre los que estoy construyendo esta vida nueva!
 

Me siento más seguro, estoy en tierra firme y mejor preparado para no tropezar dos veces con la misma piedra. Le pido a Dios la gracia de poder permanecer en su amor y en su paz. Le sigo pidiendo que habite en mi corazón y me ayude a morir a mis cosas, así puedo nacer a lo que Él quiere para mí. Estoy enormemente agradecido a Él por haberme llamado y espero poder ser un verdadero testigo de su amor, anunciando su Palabra y denunciando las cosas que están mal. Los que tenemos la gracia de saber que Jesús es el Camino, la Verdad y la Vida sabemos que seguirlo muchas veces (o siempre) implica sacrificios, pero también sabemos que para Dios no hay nada imposible y que la recompensa es inimaginable.
 

Stefano Giordano

Paysandú

 

* Stefano es oriundo de Paysandú, Uruguay, y se trasladó a Montevideo para estudiar Medicina en 2011. Al año siguiente, participó de su primer retiro de Pascua en Salto, donde escribió este testimonio. 



Publicado en la revista Cristo Vive ¡Aleluia! nº186.

Deje su Comentario