11 May
La Señora de todos los Pueblos
por Cristo Vive |
Leído 758 veces | Publicado en María Ultima modificacion el Lunes, 11 de Mayo de 2015 13:51
 
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MARÍA EN EL MUNDO -



La Editorial de la Palabra de Dios acaba de publicar el segundo título de la colección María en el Mundo. Este es el testimonio de la vidente, Ida Peederman, sobre la primera aparición mariana.


Era el 25 de marzo de 1945, fiesta de la Anunciación. Mis hermanas y yo estábamos sentadas alrededor de la calefacción conversando. Era tiempo de guerra, pasábamos un invierno de hambre. El Padre Frehe se encontraba ese día en la ciudad y vino a visitarnos. 
 

senoraidaHablábamos de la guerra y de lo que habíamos pasado. Durante la semana habían ocurrido nuevas redadas y cosas parecidas. Teníamos mucho que contar. Estábamos discutiendo animadamente cuando, de pronto, todavía no sé cómo, fui atraída al otro cuarto. Miré y de pronto vi una luz. Pensé: ¿de dónde viene, y qué luz tan extraña es ésta? Me levanté y tuve que dirigirme hacia ella. La luz, que resplandecía en un rincón del cuarto, se acercó. La pared desapareció de mi vista junto con todo lo que había en la habitación. Era un mar de luz y un vacío profundo. No era luz del sol, ni tampoco eléctrica. No podía darme cuenta qué clase de luz era. Era sin embargo un vacío profundo. De ese vacío, de pronto, vi brotar una figura femenina. No sé explicarlo de otra forma. Vestía un hábito blanco, largo, con un cinturón. Estaba de pie con los brazos y las palmas de las manos abiertas hacia mí. Mientras la observaba tuve un extraño sentimiento. Me dije: “¿Quién será?”. Y hasta ahora no entiendo cómo me atreví a pensar: “Tiene que ser la Virgen, no puede ser otra”. Mientras tanto oía decir a mis hermanas y al Padre Frehe: “¿Pero qué te pasa?” y “¿qué haces?”, sin embargo no podía contestar porque estaba demasiado cautivada por la figura. De repente, Ella empezó a hablarme. Dijo: ‘¡Repite lo que te digo!’. Empecé a repetir cada una de sus palabras. Hablaba muy lentamente.


Mis hermanas y el Padre Frehe se agrupaban a mi alrededor. Cuando empecé a hablar, dijo a mi hermana Truus (Gertrudis): “¡Enseguida, escribe lo que está diciendo!”. Mi hermana no tenía ganas, le parecía una tontería. Pero el Padre Frehe repitió: “¡Escribe!”. Después que había repetido algunas frases, le oí decir al Padre: “Pregúntale quién es”. Entonces le pregunté: “¿Es usted María?”. La figura contestó sonriendo: “Me llamarán la Señora, la Madre”. Al decir “la Señora” inclinó un poco la cabeza hacia mí, y repitió: “Me llamarán la Señora, la Madre”.


Después de haberme hablado, la figura se fue alejando muy despacio. Solo luego desapareció también la luz y volví a ver todo lo que estaba en la habitación, como siempre había estado. Naturalmente, el Padre Frehe empezó a preguntar: “¿Pero qué era realmente?”. Le contesté: “Yo tampoco lo sé, pienso que era María”. “¡Ah!”, dijo, pero no añadió ningún comentario.

 

*Extraído del libro La Madre de todos los Pueblos, Comp. por I. L. Di Palma, Editorial de la Palabra de Dios, Buenos Aires, 2015.

Publicado en la revista Cristo Vive ¡Aleluia! nº197. 

 

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