Editorial

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Libro de cantos, canciones y salmos con las notas musicales para tocarlas en la guitarra. Nueva edición ampliada y corregida con más de 500 canciones para animar misas, grupos de oración.

15 x 21,5 cm - Formato anillado • 10ª ed.

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15 x 21,5 cm - Formato anillado • 10ª ed.

Después de casi seis años de noviazgo, queremos compartir el camino que Dios nos invitó a hacer como pareja y, en particular, la experiencia que tuvimos en la última jornada de novios que realizamos en el Colegio San José de la Palabra de Dios, en Buenos Aires. 
 

Tanto la Escuela de novios1 como los retiros son para nosotros espacios donde el Señor nos guía y nos enseña cómo vivir la vocación familiar que recibimos, cómo construirla y desarrollarla para que transmita el Evangelio. En el siempre redescubrimos nuestra identidad.
 

En esa última jornada, luego de recibir un anuncio de la Palabra, nos dimos cuenta de qué rasgos del otro nos ayudan a acercarnos a Jesús y cuáles no y, entonces, en qué necesitamos ayudarnos el uno al otro. Tuvimos un momento para dialogar como pareja y pudimos expresarnos esto mutuamente.
 

Además descubrimos que nuestro vínculo es un espacio donde quiere estar Dios y que nuestro encuentro con Él no se limita a los momentos de oración o a la Eucaristía compartida, sino que es más amplio, más trascendente. Él quiere quedarse en medio de nosotros en todo momento, sentirse cómodo, a gusto, en nuestra manera de tratarnos, de conversar, en las circunstancias que nos toca atravesar. 
 

En esta etapa final del noviazgo reconocemos que vivimos la Alianza en estas cosas, que Dios nos abre a seguir reconociéndonos proyecto suyo para los otros, y sentimos la necesidad de estar cada vez más disponibles para lo que Él quiera hacer.
 

Hernán y Florencia*
 

*Hernán Palavecino participa del centro pastoral de Quilmes Oeste y Florencia Escobar, de Berazategui, en la provincia de Buenos Aires.
 

1. La Escuela de novios, como parte de la formación discipular, está destinada a los orantes que estén en proyecto de matrimonio. Su duración es de tres años.
 

DEJARSE ACOMPAÑAR
 

Hoy en día, para pensar en el matrimonio, se considera necesario un trabajo, una casa, una situación humana digna. Sin embargo, es aún más importante una mejor preparación que la Iglesia debe ofrecer a todos los que piden este sacramento. Es necesaria, en primer lugar, una preparación remota que acompañe el crecimiento de toda persona y ponga la mirada sobre la afectividad y la sexualidad, aspectos nucleares durante ese tiempo. Luego le sigue una preparación próxima, cuando los novios están ya en los años cercanos a su casamiento. El reciente Sínodo sobre la familia y el Papa Francisco señalaron la necesidad de ofrecer itinerarios más prolongados de formación para el matrimonio durante este tiempo, que abarquen una formación más completa, den espacio al diálogo sereno sin apuros y permitan completar contenidos, porque el matrimonio afecta a la toda la persona y a todos sus aspectos. En último lugar, la preparación inmediata consiste en ultimar detalles y trámites para que todo resulte bien el día del casamiento. La preparación, entonces, requiere tiempo, porque el matrimonio no es un experimento, es una opción consciente y madura de quien entrega su vida al otro hasta que la muerte los separe.

Demetrio Fernández, obispo de Córdoba, España

REFLEXÓN -


“Comerás del fruto de tu trabajo, serás feliz y te irá bien. Tu esposa será como una vid fecunda en el seno de tu hogar; tus hijos, como retoños de olivo alrededor de tu mesa. ¡Así será bendecido el hombre que teme al Señor!” (Sal 128, 1-4).
 

El amor de un hombre y una mujer es un misterio en su esencia. Para los creyentes, el amor es don, un signo de la presencia de Dios. 
 

El amor en la relación de pareja es fruto del lenguaje del cuerpo, de las emociones, de los gestos que tejen el vínculo. Ser con otro supone una tarea común que se construye en cada circunstancia, cada día. Implica una novedad continua, atravesar dificultades, tener paciencia, capacidad de entrega, inteligencia, comprensión, creatividad y disposición para disfrutar y estar alegres. El otro nos “talla”; somos con el otro a tal punto que, sin él o ella, seríamos diferentes.
 

En la encíclica Amoris laetitia, Francisco enseña que el fin del matrimonio es una llamada constante a acrecentar y profundizar este amor: “En este amor celebran sus momentos felices y se apoyan en los episodios difíciles de su historia de vida [...]. La belleza del don recíproco y gratuito, la alegría por la vida que nace y el cuidado amoroso de todos sus miembros, desde los pequeños a los ancianos, son sólo algunos de los frutos que hacen única e insustituible la respuesta a la vocación de la familia, tanto para la Iglesia como para la sociedad entera” (n° 88).
 

La experiencia de cada pareja es única, irrepetible y singular, pero hay ciertas cuestiones comunes que se dan en el despliegue del vínculo. Para reflexionar sobre este vínculo podemos mencionar diferentes momentos de su desarrollo. 
 

“Mi amado es para mí y yo soy para mi amado” (Cant 6, 3)

La etapa inicial de la pareja comienza con el enamoramiento, el momento inicial del camino, el noviazgo, y concluye en los primeros tiempos de la vida en común, del matrimonio, que implica compromiso de convivencia, cuidado y fidelidad.
 

El enamoramiento irrumpe; es un sentir que se expresa del siguiente modo: “Él/Ella es quien me completa, es ‘todo’ lo que estaba buscando”. Como diría Adán: “Esta sí es carne de mi carne, sangre de mi sangre” (Gén 2,23). Esta es una etapa de explosión de sentimientos en la que predomina la atracción física, uno de los componentes fundamentales del amor conyugal. El sentimiento de atracción se va a armonizar con la ternura y ambos serán componentes esenciales de la intimidad de la pareja. Es cierto también que esta sensación de explosión es breve si se la considera dentro de la vida de una pareja y, desde el comienzo, se pueden sentir ciertas diferencias que luego deberán consolidarse y transitarse para que el vínculo sea duradero. 
 

En este momento hay un idealismo necesario, la belleza de una experiencia llena de novedades, la necesidad de alcanzar una cohesión para encarar la vida juntos. Esta etapa funda la historia de la pareja, se guarda como parte del tesoro y muchas veces opera como referencia para el resto del recorrido.
 

Cuando el otro comienza a visualizarse como distinto hay cierto nivel de desilusión y de sufrimiento. Las parejas lo sienten del siguiente modo: “No es como me imaginaba, ni como yo creía”. Comienzan los primeros conflictos, las tensiones, las negociaciones; es un proceso en el que se sale de la sensación de frustración y se puede comprender que la diversidad enriquece, que la diferencia puede llevar a la verdadera comunión. Se alcanza a vivenciar que el otro es diferente sin que esto se transforme en una amenaza sino en posibilidad de enriquecimiento mutuo. Entonces, según enseña Francisco, el matrimonio, fin de esta primera etapa, no es el final del camino. Por el contrario, los novios están llamados a asumirlo “como una vocación que los lanza hacia adelante, con la firme y realista decisión de atravesar juntos todas las pruebas y momentos difíciles” (AL, n° 211).
 

Así, en el sacramento del matrimonio se expresa que “en la acogida mutua, y con la gracia de Cristo, los novios se prometen entrega total, fidelidad y apertura a la vida, y además reconocen como elementos constitutivos del matrimonio los dones que Dios les ofrece, tomando en serio su mutuo compromiso, en su nombre y frente a la Iglesia” (AL, n° 73). 
 

Construir un proyecto común

Para muchas parejas el proyecto común es llegar a ser una familia, pero este no es necesariamente el único proyecto compartido. Hay matrimonios que no tienen hijos pero que desarrollan otros planes vitales de interés para ambos, o para quienes su vínculo es en sí mismo un motivo de cuidado y edificación mutua. 
 

Para aquellas parejas que aspiran a la vida familiar, el nacimiento del primer hijo es un momento constitutivo de la relación dado que los comienza a ligar a la paternidad. Ser padres es una ocasión para que la pareja comience a tener un proyecto fuera de sí. Esto requiere un esfuerzo vinculado con la crianza, la educación de los hijos y el ajuste de los espacios individuales y familiares. 
 

Este tiempo está caracterizado por el deseo de realización que trae el hijo, por nuevos ritmos de vida, la sumatoria de responsabilidades ligadas a la crianza, el desarrollo del trabajo, nuevas tareas domésticas y la redefinición de los roles de la mujer y el varón. A veces se puede experimentar una limitación del tiempo: el espacio de los hijos se hace central y se puede correr el riesgo de perder la vida de la pareja en medio de las preocupaciones cotidianas. En estas circunstancias es primordial custodiar el vínculo. 
 

“Hay crisis comunes que suelen ocurrir en todos los matrimonios, como la crisis de los comienzos, cuando hay que aprender a compatibilizar las diferencias y desprenderse de los padres; o la crisis de la llegada del hijo, con sus nuevos desafíos emocionales; la crisis de la crianza, que cambia los hábitos del matrimonio; la crisis de la adolescencia del hijo, que exige muchas energías, desestabiliza a los padres y a veces los enfrenta entre sí […]. Son situaciones exigentes, que provocan miedos, sentimientos de culpa, depresiones o cansancios que pueden afectar gravemente a la unión” (AL, n° 235).
 

 Entonces el desafío de este tiempo será ser pareja, ser padres, desplegar el vínculo y encontrar el equilibrio en medio de la realidad laboral, familiar, de compromisos misionales y/o sociales.
 

En la adolescencia de los hijos comienza a darse una nueva acomodación. Se deja la dependencia “cuerpo a cuerpo” y esto lleva a dejar la organización familiar de la infancia para dar lugar a una nueva modalidad vincular y organizativa. Se podría decir que en la infancia de los hijos “se pone el cuerpo” y en la adolescencia se retira de a poco porque se acentúan la escucha y el diálogo.
 

Los padres acompañan a los adolescentes en su crecimiento hasta que logran la independencia, plasman sus propios proyectos y parten del hogar. "El Evangelio nos recuerda también que los hijos no son una propiedad de la familia, sino que tienen por delante su propio camino de vida. Si es verdad que Jesús se presenta como modelo de amor a sus padres terrenos, respetándolos a ellos (Cf. Lc 2,51), también es cierto que él muestra que la elección de vida del hijo y su misma vocación cristiana exigen una separación de la familia de origen para realizar su camino personal, su propia entrega al Reino de Dios (Cf. Mt 10,34-37; Lc 9,59-62)” (AL, n° 18).
 

Un nuevo modo de estar juntos

Si bien la crianza de los hijos ocupó gran parte de la vida de la pareja, en este momento se comprueba que los hijos no representan la totalidad del significado y del proyecto del matrimonio. La pareja es un vínculo con desarrollo y camino propio. Este será un tiempo para reorientar objetivos, revisar lo caminado y saber con qué recursos se cuenta. En esta etapa, un matrimonio que pudo atravesar los conflictos vinculares que se le fueron presentando podrá gozar de sentimientos de armonía y serenidad, de búsqueda de lo esencial. Incluso con la presencia de las contradicciones propias de cada momento, el amor es elegido y celebrado.
 

“El amor que nos prometemos supera toda emoción, sentimiento o estado de ánimo, aunque pueda incluirlos. Es un querer más hondo, con una decisión del corazón que involucra toda la existencia. Así, en medio de un conflicto no resuelto, y aunque muchos sentimientos confusos den vueltas por el corazón, se mantiene viva cada día la decisión de amar, de pertenecerse, de compartir la vida entera y de permanecer amando y perdonando. Cada uno de los dos hace un camino de crecimiento y de cambio personal. En medio de ese camino, el amor celebra cada paso y cada nueva etapa” (AL, n° 163).
 

En esta etapa, los sentimientos de tristeza, dolor y pérdida son inevitables frente a la partida de los hijos del hogar. Pero, conjuntamente con este proceso, la pareja también se nutre al recibir nuevos miembros de la familia: yernos, nueras, nietos, consuegros, etc.
 

Una vez superada esta situación de cambio, la pareja siente que vuelve a expandirse. La relación de dos vuelve a ser el centro, habrá nuevas disposiciones para el encuentro y nuevos ritmos y momentos para compartir la vida. 
 

Esta etapa está marcada por los siguientes sucesos: el nacimiento de los nietos, la jubilación, la pérdida de los padres ancianos, la declinación física y la visualización paulatina de la muerte como una posibilidad. Algunas parejas experimentan diferentes temores: a la soledad, a la exclusión social y a la muerte. 
 

Los cónyuges entran en una nueva etapa del amor, de mayor comunión, apoyo recíproco y compañía mutua. El amor se convierte en ternura y amistad. Es así como la pareja entra poco a poco en la vejez que, si bien no está valorada por la sociedad de consumo, está marcada por el recorrido, la experiencia y la sabiduría. 
 

Claudia Abalos*
 

*Licenciada en Psicología. 
 

N. de la R.: Texto extraído de una charla ofrecida en un encuentro con Matrimonios Dedicados a Dios. El contenido está basado en el libro El amor y el matrimonio (Equipos de Nuestra Señora de Italia, ed. San Pablo, 1993). 

REFLEXÓN -

La Navidad nos dice que hay Alguien que nos ama y se compadece de nuestras necesidades; que alguien puede consolarnos y ayudarnos en cada sufrimiento.
 

¿Quién se preocupa tanto por nosotros? Es Dios, nuestro Padre. Tan grande es su amor que nos dio aquello que más ama, a su Hijo. El Padre nos envió a Jesús en la forma de un ser humano, un bebé, y entonces podemos alegrarnos en cada Navidad porque “¡nos ha nacido un niño, Jesucristo, el Señor!” (Cf. Is 9,5). 
 

A este Niño le han dado varios nombres: “Consejero maravilloso”, “Dios invencible”, “Padre eterno” y “Príncipe de paz” (Is 9,6). El nombre de “Padre eterno” nos dice algo maravilloso: el Niño se asemeja a su Padre. Jesús, que como hijo del Padre comparte todos sus atributos, quiere acercarnos a Él y hacernos hijos suyos.
 

Él tiene una relación muy íntima con el Padre y quiere que nosotros experimentemos lo mismo. Es como si nos dijera: “En estos días de oscuridad, quiero traerles algo que los reconforte. ¿Saben lo que me consoló durante los días de mi vida sobre la tierra? La confianza en mi Padre”. Jesús se hizo ser humano, como nosotros (Cf. Hb 2,17-18). Por eso él entiende nuestras aflicciones y puede mostrarnos el camino para vencer: la confianza. Cuando Jesús llegó a la madurez plena, nos dio ejemplo con su propia vida de lo que lo ayudó a resistir la aflicción y la tentación: la relación que tenía con el Padre.
 

Seguramente él se apartaba todas las noches para hablar con el Padre en la oración. Allí Jesús encontró las fuerzas para superar todas las pruebas y tentaciones. Resistió la agonía en Getsemaní porque había rendido su voluntad a la del Padre. Este “¡sí, Padre!”, pronunciado con confianza en su amor, le dio fuerzas para vencer.
 

Vivimos en una época de tinieblas, pero hay una luz que emana del Niño del pesebre y procede de nuestro Padre. Él nos conoce y sabe de nuestros problemas. Si nos dirigimos a Él a través de la oración, nos llenaremos de consuelo. Tenemos la seguridad de que el Señor nos escucha. Un corazón de Padre late por nosotros. Él nos ama tiernamente y nos tiene compasión.
 

No queremos fijarnos en las tinieblas que nos rodean ni dejarnos abrumar por la fuerza del pecado o por nuestros sufrimientos. Apartemos la vista de todo esto y miremos a Dios. Este niño con el nombre de “Padre eterno” quiere llevarnos al Padre, que tiene un plan maravilloso para nuestras vidas y nos conduce a la meta de gloria y gozo perpetuos.
 

Podemos experimentar algo de eso ahora si, como el niño Jesús, le entregamos nuestro “querer” a Dios con confianza. Así, una gran paz llenará nuestros corazones. Si sometemos nuestra voluntad a Dios, sobre todo en las situaciones cuando nuestros deseos y planes son diferentes de los suyos, entonces descubriremos cuán cerca estará el Padre y, con Él, Jesús. Esta Navidad será un tiempo lleno de consolación. El sufrimiento no es lo último en la vida, sino siempre la gloria y el gozo porque Dios es Amor.
 

Por eso, en esta Navidad oramos:
 

“Oh, Niño Jesús, ayúdanos a confiar en el Padre. Ayúdanos a pasar el sufrimiento como verdaderos hijos suyos. Por medio de tu sacrificio nos has reconciliado con Dios, para que todos los que crean en ti tengan el poder de ser sus hijos. Te pedimos que nos concedas algo de tu confianza en el Padre. Ayúdanos a amarlo más, como Él nos ama; a darle gracias y a decirle con una completa fe: ‘Padre mío, tu corazón es todo amor, tu voluntad no es otra cosa que bondad y los caminos por los que nos llevas son buenos. Amén’”.
 

M. B.S.

NOTA EDITORIAL -

Este lema convocó a los miembros del Movimiento de la Palabra de Dios en las Jornadas de la Civilización del amor que se realizaron durante el mes de octubre. Estos son espacios destinados a profundizar la experiencia de ser constructores de un mundo nuevo, impulsados por el amor de Dios.


El 20 de noviembre se cierra el año jubilar que vivimos como Iglesia. Fue un tiempo de gracia: una puerta que se abrió para sumergirnos en el amor misericordioso de Dios Padre. Sin embargo, nos queda un desafío: permanecer allí como personas, comunidades, instituciones, como sociedad… Porque “la misericordia no es una palabra abstracta sino un estilo de vida, que antepone a la palabra los gestos concretos que tocan la carne del prójimo”, afirmó Francisco (24/10/2016).


Por eso en este último número del año queremos acercar los rasgos de la misericordia manifestados en el servicio de un matrimonio que acompaña jóvenes en Guayaquil (p. 5), en el ministerio sacerdotal ofrecido ante el drama del pecado (p. 6), en los padres que educan a sus hijos en la fe (p. 4), en una jueza que lucha sin descanso contra la trata de personas (p. 8), en la búsqueda de la construcción de un noviazgo discipular (p. 12), en el trabajo de un gerente que quiere ser luz en el ambiente laboral (p. 17), en las parejas que intentan desplegar su llamado familiar en santidad (p. 23, 13 y 30), en vivir una separación matrimonial desde el sostén de Dios (p. 29), en la ofrenda de un embarazo que no llega a término (p. 28), y hasta en el servicio a los demás en medio de la guerra (p. 27).


Dijo Francisco: “En un mundo herido por el virus de la indiferencia, las obras de misericordia son el mejor antídoto (…). Si cada uno de nosotros, cada día, hace una de ellas, haremos una revolución en el mundo” (catequesis 12/10/2016). Y, así, “esta Navidad será un tiempo lleno de consolación. El sufrimiento no es lo último en la vida, sino siempre la gloria y el gozo porque Dios es Amor” (M.B.S).
 

Laura di Palma

NOTA -


Una jueza cordobesa se dedica a defender los derechos de las mujeres y, en una charla con Cristo Vive, ¡Aleluia!,habló sobre su lucha y su búsqueda de vivir en su profesión lo que Dios le pide.
 

Ángeles Palacio se sorprendió gratamente cuando leyó en 2014 que el papa Francisco había definido a la trata de personas como un “crimen de lesa humanidad”. Precisamente ese era el título de uno de los capítulos de un libro suyo recientemente editado y ella se alegró por la coincidencia.
 

Su sorpresa se convirtió en asombro cuando semanas más tarde vio que un documento de la Academia Pontificia de Ciencias sobre la trata citaba directamente su libro. Ella, entonces, ató cabos y recordó que tiempo atrás le había hecho llegar un ejemplar al pontífice. “Como deben hacer miles de escritores y profesionales de todo el mundo”, pensó. Pero, por gracia de Dios, su trabajo fue leído en detalle por Francisco, quien decidió recomendarlo a la Academia.
 

No fue esa la primera vez que Ángeles se vio sorprendida por el accionar de Dios en su profesión. En varias oportunidades se encontró lanzada a lugares de protagonismo inesperados, incluso en algunas portadas de medios nacionales, donde tuvo que defender con firmeza valores humanos y del Evangelio.
 

Ella está casada, es madre de cuatro hijos, tiene 55 años, lleva 32 de participación en el Movimiento de la Palabra de Dios y siente que su profesión está íntimamente ligada a su camino de fe. “Sentí desde joven que tenía que servir al Señor a través de mi carrera –dijo en una entrevista con Cristo Vive, ¡Aleluia!–. Me siento llamada a poner todas mis capacidades, mi habilidad para resolver conflictos y lo mejor de mí al servicio del Reino”.
 

Como vocal de la Cámara del Crimen en Córdoba tiene en sus manos la suerte de muchas personas que pueden terminar pasando el resto de sus días en la cárcel o quedar en libertad, pero también trabaja en el rescate de chicas víctimas de la trata de personas, uno de los temas que más la preocupa y sobre el que está haciendo su doctorado en la Universidad de Córdoba. “Aunque paso mucho tiempo de mi día en el ‘lado oscuro de la vida’, tengo esperanza en el ser humano y en su capacidad de generar cosas buenas, de levantarse y salir fortalecido aun en los peores momentos”, afirmó.
 

POR EL RESPETO DE LA DIGNIDAD DE LAS PERSONAS
 

Este fue uno de los titulares del diario La Nación del 2 de octubre de 2012 en referencia a uno de los fallos de Palacio. También la jueza alcanzó notoriedad con otro dictamen de 2013 que por primera vez calificó de “inconstitucional” un artículo del Código de Faltas de la provincia de Córdoba que permitía a la policía la detención de personas por “merodeo”, que no era otra cosa que castigar la “portación de rostro”. Su fallo sirvió de base para el nuevo Código de Convivencia que entró en vigencia este año y que elimina esa figura del “merodeo”.


Cristo Vive
:
¿Cómo decidió postularse como jueza?

Ángeles Palacio: Mi experiencia es que el Señor está más apurado que yo en mi propia carrera. En 2006 estaba discerniendo si presentarme o no a los exámenes como magistrada porque es un proceso muy extenuante. Un día, luego de varias horas de estudio, me fui a acostar y vi el Evangelio sobre la mesa de luz. Decidí abrirlo y sentí que allí estaba la respuesta a todas mis dudas. Era un pasaje de Éxodo 18, donde el suegro le dice a Moisés cómo debe seleccionar los jueces y le da una serie de consejos. Sentí que ese era el verdadero “examen” que el Señor quería que aprobase ante Él: ser una persona de virtud, aborrecer la avaricia, ser temerosa de Dios. Ahí tuve la certeza de que Él me sellaba en mi vocación de jueza.
 

CV: ¿Y cómo fue adentrarse en la cuestión de la trata de personas?

AP: Como jueza de niñez había tenido varias intervenciones en rescatar a chicas de prostíbulos. Por eso, en 2010, una editorial me invitó a hacer un libro sobre la trata. Pero las experiencias que conocí me golpearon mucho y me costaba ponerme a escribir. Siempre que puedo voy a misa diaria y uno de esos días, providencialmente, se conmemoraba a una santa africana canonizada hace pocos años, Sor Bakhita. El sacerdote habló de ella: nació en 1869 en Sudán, fue víctima de la trata de esclavos, llevada a Italia y alejada de todos los suyos, pero hizo un camino de santidad conmovedor. Su historia me impactó y le pedí que me ayudara a escribir. A los pocos días, en otra providencia inesperada, una amiga me mandó casualmente la película con la historia de sor Bakhita. Así fue como pude ponerme a escribir desde ese lugar interior de lo que sufren las víctimas. Y ese fue el libro que le envié al Papa.
 

CV: ¿Cómo siguió el vínculo con la Academia Pontificia de Ciencias tras la inclusión de su libro en el documento?

AP: El año pasado tuve ocasión de conocer en Roma a monseñor Marcelo Sánchez Sorondo, director de esa Academia, y, entre otras cosas, le comenté que sentía que el Vaticano debía designar a Sor Bakhita como patrona de la lucha contra la trata de personas. Me respondió que en realidad habían pensado en otras santas y yo insistí. Le expliqué que ella había sido sometida a la esclavitud, que era africana y llevaba en su cuerpo las marcas de esa tragedia, y que entonces muchas víctimas podrían sentirse identificadas con ella. Meses más tarde me avisaron desde el Arzobispado que mi sugerencia había sido aceptada por Roma, que la instituían como patrona y el 8 de febrero como Día de la lucha contra la trata.
 

CV: ¿Qué es lo que más le impactó de los casos que conoció?

AP: Para mí lo más fuerte es la pérdida de identidad. Cuando alguien empieza a ser sometido por otros en cuestiones sexuales o laborales, vive un proceso de despersonalización. Primero pasa por un período de “ablande” en el que lo llevan a tomar conciencia de su vulnerabilidad, a vivir con miedos permanentes, a perder la capacidad de manejar la propia vida. Luego viene la etapa de la dominación. Es un juego muy perverso porque convencen a las víctimas de que están ahí porque quieren y de que en definitiva no las tratan tan mal. Así se hacen totalmente dependientes de su dominador y hasta pueden experimentar el síndrome de Estocolmo, un fuerte vínculo afectivo con el secuestrador. Por último es muy frecuente la pérdida total de identidad. Yo tuve casos de muchas chicas que ni siquiera podían reconocerse frente a un espejo. Es algo terrible.
 

CV: ¿Cómo surgió la idea de considerarlo un delito de lesa humanidad? Ese concepto normalmente se aplica para los ataques generalizados o sistemáticos contra la población civil, como es el caso de un genocidio. Pero no se utiliza para delitos comunes.

AP: Claro. Pero ya hay muchos autores con un concepto más amplio que considera a los delitos que demuestran un total, absoluto e indiscriminado desprecio por la condición humana como de lesa humanidad. Los daños que provoca la trata de personas son muy graves. El tiempo que le lleva salir adelante a alguien que ha sido víctima de abuso sexual en algún momento de su vida es larguísimo. Ahora hay que multiplicar ese sufrimiento por cientos de veces, por cientos de abusos en cuestión de días. Es algo tan aberrante, tan espantoso, que agravia a toda la humanidad. Por eso sostengo esa tipificación.
 

CV: En uno de sus fallos tuvo que enfrentar una oposición muy grande cuando los dueños de los prostíbulos argumentaron que las chicas estaban “trabajando” en sus locales.

AP: Esa resolución generó mucho revuelo y me asusté un poco cuando me empezaron a llamar los medios de todo el país. Una mitad de los especialistas coincidía conmigo y la otra se oponía. Lo que yo dictaminé es que el comercio sexual no es trabajo. Todas las condiciones en las que se realiza ese “trabajo” son inhumanas. Las chicas se encuentran alejadas de cualquier relación familiar y de afecto, separadas de sus hijos y amigos. Son condiciones similares a la esclavitud.
 

CV: ¿Y qué sucede en los casos de chicas que ejercen la prostitución por su cuenta?

AP: Por supuesto que también hay casos de acciones privadas en las que no se podría hablar de delito, según las normas vigentes. Pero el análisis queda incompleto si no se cuestiona el tema de fondo de la prostitución. Con toda la liberalidad sexual que hay en este país, ¿por qué alguien necesita pagar para tener sexo? Es que en el fondo no se paga por sexo, sino por una relación de dominación sobre alguien vulnerable y necesitado de dinero, y eso es un daño gravísimo que se hace al otro en su condición de ser humano.
 

CV: Algunos podrían argumentar: “Es la profesión más vieja del mundo”.

AP: Sí. También desde que se tiene memoria existió el abuso infantil, la eliminación de niños defectuosos o la esclavitud. Son lastres con los que la humanidad convivió desde sus comienzos y durante siglos y que, en determinado momento, gracias a que se comprendió la dimensión social del drama, dejaron de ser tolerables. Entonces, en lo que hay que trabajar primero es en llevar a la sociedad al reconocimiento de que hay un problema, y luego darle una respuesta legal a la cuestión.
 

ALUNAS CIFRAS DE LA EXPLOTACIÓN
 

En su último informe, la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) determinó que, aunque la mayoría de las víctimas de la trata son objeto de explotación sexual, cada vez se detectan con más frecuencia otras formas de explotación. La trata con fines de trabajo forzoso –una amplia categoría que incluye, por ejemplo, los sectores de fabricación, limpieza, construcción, restauración, trabajo doméstico y producción textil– ha aumentado de manera incesante en los últimos años. Se observan diferencias regionales notables en cuanto a las formas de explotación. Mientras que en Europa y Asia Central la trata con fines de explotación sexual es la principal forma detectada, en Asia Oriental y el Pacífico es la explotación con fines de trabajo forzoso. En América se detectan porcentajes casi idénticos de ambos tipos de trata. En Argentina, según el informe elaborado por la Procuraduría de Trata y Explotación de Personas (Protex), a cargo del fiscal Marcelo Colombo, entre julio de 2015 y febrero de este año hubo 1079 denuncias en la línea 145, dedicada a este tipo de denuncias. De ellas, 480 eran casos de mujeres obligadas a prostituirse en locales bailables y whiskerías, en departamentos privados o incluso en la vía pública. Luego, el 19% de las denuncias hechas estuvo relacionado con la trata laboral.


CV
: Sus dictámenes tocan los intereses de gente muy poderosa. ¿Cómo se maneja para tomar decisiones que los involucran?

AP: Siempre que tengo que pronunciar un fallo importante lo llevo a la oración para tratar de oír al Espíritu Santo. Hubo un caso de una joven víctima de trata que me obligaba a denunciar a un importante ministerio cordobés y decir que el Estado había vulnerado los derechos de esa chica. Mi dictamen podía poner en riesgo toda mi carrera judicial. En oración, le dije al Señor: “Si yo me involucro con esta gente, nunca más voy a tener posibilidades de ascender”. Pensé entonces en una solución conciliatoria, traté de hablar con el ministro y anticiparle mi decisión, pero fue imposible comunicarme. Y, contrariamente a lo que temía, tras conocerse mi fallo no solo no hubo una reacción negativa sino que el ministro pasó a tomarme como referencia para consultarme sobre los nuevos casos que aparecían, para no volver a cometer el mismo error.
 

CV: ¿Cómo hace para pasar tanto tiempo de su día metida en el “barro” de las circunstancias humanas y no salir perturbada?

AP: La realidad es que no soy inmune y salgo perturbada. A veces pienso en Sor Bakhita, que tenía la espalda marcada por los latigazos recibidos a lo largo de su vida. Yo también llevo mis pequeñas “heridas” en el alma. Pero, al mismo tiempo, soy consciente de que si me dejo contagiar demasiado por lo que le pasa al otro, no puedo ayudarlo. Solo me largaría a llorar en lugar de darle lo que necesita de mí como profesional de la Justicia. Por supuesto que el hecho de tener el apoyo de mi esposo y mi familia, una comunidad de fe, la fraternidad de abogados,1 la misa diaria y toda la gente que ora por mí, me sostiene mucho. Son redes que me contienen y sostienen. Y, fundamentalmente, me guía la convicción de que vale la pena seguir trabajando para reparar la dignidad herida de tantas personas. Creo que es una buena causa gastar mi vida por la búsqueda de la justicia y la paz.
 

Por Rubén Guillemí
 

1 La fraternidad de abogados es el nombre que recibe el grupo de profesionales y estudiantes de Derecho que se reúnen habitualmente en un espacio de oración y discernimiento para encontrar caminos de verdad y justicia.
 

N. del R.: Para profundizar más en el tema se puede consultar la nota “La esclavitud del siglo XXI” publicada en Cristo Vive, ¡Aleluia! número 184.

“Jesús, a los veinte años, era joven y fuerte y trabajaba mucho. No obstante, en Él la juventud era también gracia y sonrisa.

” Existen tantos hechos que no conocemos de la vida oculta de la Sagrada familia que, al leer estas páginas entraremos en esa época en la cual José ya había partido y Jesús se preparaba para el tiempo de la misión.

Es la Virgen María quien, en estos pequeños relatos, abre su corazón de Madre y nos dice: “Yo, Myriam, dicto este diario, hecho de recuerdos y de pensamientos; lleno de afecto por ustedes, a quienes les confío mi vida en aquel tiempo…”.
 

La Colección Revelaciones intenta ofrecer contenidos que colaboren a vivir más plenamente la fe. Según un decreto de Pablo VI (A.A.A. 58/16: 29-12-1966), se puede publicar sin “imprimatur” libros sobre revelaciones, visiones, profecías y milagros, mientras no se ponga en peligro la fe o moral cristiana.


Autora: Giuliana Crescio

96 páginas • 12 x 17 cm

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