21 Sep
Una nueva primavera espiritual: Lectio divina
por Lili Guita |
Leído 1826 veces | Publicado en Palabra Ultima modificacion el Viernes, 21 de Septiembre de 2012 14:10
 
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La lectio divina se remonta a la vida de los primeros siglos del cristianismo. El primero en utilizar la expresión fue Orígenes –teólogo del siglo III– quien afirmaba que para leer la Biblia con provecho era necesario hacerlo con atención, constancia y oración. Más adelante, la lectio divina se convirtió en columna vertebral de la vida religiosa: las reglas monásticas de Pacomio, Agustín, Basilio y Benito (480 d.C.) hicieron de esa práctica, junto al trabajo manual y la liturgia, la “triple base” de la vida monástica.
 

La sistematización de la lectio proviene del siglo XII cuando Güigo, un monje cartujo, escribió La escalera de los monjes, en donde exponía la teoría de “los cuatro peldaños” que eran la lectura, la meditación, la oración y la contemplación de la Palabra de Dios.
 

primavera2Esto se ha llevado a la práctica en la vida monástica y religiosa hasta el día de hoy aunque, con el correr del tiempo, fue perdiendo vitalidad.
 

Muchos santos han reflexionado sobre este tema. San Ambrosio dijo: “A Dios hablamos cuando oramos; a Dios escuchamos cuando leemos sus palabras”; San Agustín afirmó: “Cuando lees la Escritura, te habla Dios; cuando oras, tú hablas a Dios” y San Jerónimo aseguró: “Desconocer la Biblia es desconocer a Cristo”.
 

En nuestro tiempo, el Papa Benedicto XVI expresa: “Si se promueve la práctica de la lectio divina con eficacia, estoy convencido de que producirá una nueva primavera espiritual en la Iglesia... Es algo que tiene que tener en cuenta cada cristiano y aplicarse a sí mismo: solo quien escucha la Palabra puede convertirse después en discípulo misionero”.
 

El movimiento bíblico previo al Concilio Vaticano II y, especialmente, la publicación de Dei Verbum, dio un nuevo impulso a la lectura orante de la Palabra de Dios en toda la Iglesia y abrió esta práctica a los laicos. Por otro lado, nuestros obispos en la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe –celebrada en Aparecida, Brasil, en 2007– nos animan a fortalecer la práctica de la lectio divina: “Entre las muchas formas de acercarse a la Sagrada Escritura, hay una privilegiada a la que todos estamos invitados: la lectio divina o ejercicio de lectura orante de la Sagrada Escritura. Este encuentro con la Palabra conduce al encuentro con Jesús-Maestro, al conocimiento del misterio de Jesús-Mesías, a la comunión con Jesús-Hijo de Dios, y al testimonio de Jesús-Señor del universo” (DA 249).
 

Desde sus comienzos, los integrantes del Movimiento de la Palabra de Dios han utilizado como recurso para la Evangelización una forma de lectio divina comunitaria que lleva el nombre de “Encuentro en la Palabra”. Más adelante, en 1992, se organizaron los textos bíblicos de lo que se llamó “itinerario del discípulo”.
 

El Encuentro en la Palabra debe su nombre en primer lugar al hecho de ser una lectio divina comunitaria. Este encuentro no es solo con el Señor resucitado y glorificado sino que provoca también un encuentro entre aquellos a quienes la Palabra convoca y que paulatinamente van aprendiendo a reconocerse como hermanos. Es un encuentro con el Señor y un encuentro discipular entre hermanos que pueden constituir una pequeña comunidad eclesial de base. Allí se trata de tener como gracia y distintivo el mandamiento nuevo: “Ámense los uno a los otros como yo los he amado” (Jn 13,34), desde el cual se sirve y se misiona. Tiene diversos momentos: contemplación imaginativa, momento objetivo, momento subjetivo, oración, cultivo de la vida de la Palabra.
 

En el documento de Aparecida se explica que la lectio divina favorece el encuentro personal con Jesucristo al modo de tantos personajes del evangelio, como Nicodemo, la samaritana, etc. Así mismo, todos ellos, fueron iluminados y recreados porque se abrieron a la experiencia de la misericordia del Padre que se ofrece por su Palabra de verdad y vida. Y abrieron su corazón, no a “algo” del Mesías, sino al mismo Mesías a partir de este camino de crecimiento en “la madurez conforme a su plenitud” (Ef 4,13) y del proceso de discipulado, de comunión con los hermanos y de compromiso con la sociedad que es la lectio divina (Cf. DA 249).
 

Hoy, la lectio divina es un lugar de encuentro privilegiado con el Señor que constituye una prioridad para nuestra Iglesia que nos incentiva a ser fieles al espíritu de Aparecida y a querer ser enviados a realizar una auténtica misión continental.[1]
 

 

Lili Guita

Nazaret Femenino Devoto

 

[1] Padre Ricardo, MPD. Encuentro en la Palabra, Lectio divina comunitaria. Bs. As., Ed. de la Palabra de Dios, 2008.

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