15 May
La vida de fe ante una separación
por Lara Salinas |
Leído 1203 veces | Publicado en Noviazgo y Familia Ultima modificacion el Miércoles, 15 de Mayo de 2013 15:04
 
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NOTA - 
 

Tras una ruptura matrimonial, Dios Padre derrama una gracia especial para permanecer cerca de su amor. Muchos, en una experiencia honda de conversión, sienten el llamado a permanecer fieles al sacramento recibido. Esto puede despertar algunos prejuicios, pero los que lo viven hablan de tribulaciones y liberación.
 

Mientras se atraviesan los primeros momentos de una separación matrimonial, muchas personas recurren a la ayuda de un terapeuta. Entre los principales problemas que se abordan en terapia se encuentran el odio y la frustración por la pérdida. Explica el licenciado Orlando Moyano* que muchas veces resulta complicado afrontar las dificultades que suscita esta nueva etapa de la vida porque "hay una paradoja muy difícil de resolver, dada por la ambivalencia amor-odio que supone pelearse con alguien al que se odia porque dice no amarlo más a uno”. La decisión de llevar adelante la separación matrimonial “aparece cuando alguno de los dos siente que no puede tolerar lo peor del que tiene enfrente. Una pareja suele implicar un sostén simbólico articulado entre dos que, si no se puede sostener por ambos, cae”, afirma Moyano.
 

Una herida honda cala en los hombres, pero en muchos también suscita un sentimiento: el de permanecer fieles al sacramento, como Jesús (esposo) es fiel a su Iglesia (esposa) (Cfr. Efesios 5, 25), asumiendo lo que dice la Palabra: “Si morimos con Él, viviremos con Él. Si somos constantes, reinaremos con Él” (2 Tim 2 11-12). El Señor propone ser fieles al Padre aunque si somos infieles, Él, de todas formas, es fiel, porque no se puede negar a sí mismo (Cf. 2 Tim 13). Y su propuesta no pierde vigencia con el tiempo.
 

El tiempo de duelo
Existen varios motivos por los cuales las personas deciden no seguir juntas. Según la experiencia del Lic. Moyano, "algunos pacientes relatan que de repente desconocen a quien habían conocido. Otros refieren no tolerar algún cambio que no se corresponde con la expectativa actual de lo que necesita como pareja. Otros, que hace rato que no sienten nada y van en busca de sentir algo nuevo y distinto. Otros atraviesan situaciones extramatrimoniales que resultan inaceptables, para uno o para otro, y por eso surge una ruptura. Por otro lado, hay parejas que, si se armaron de forma muy asfixiante, el deseo de 'tomar aire' se siente equivalente a una separación".
 

separados2Además de lo que ocurre en el plano emocional, la separación es un tiempo en el cual se realizan cambios en la vida cotidiana, porque si entendemos a la pareja como "sostén vital –explica Moyano–, su ruptura implica consecuencias respecto de la familia ampliada y los afectos cercanos. Es frecuente experimentar situaciones de rechazo de amigos y familiares (fruto del quiebre de ilusiones y expectativas depositadas en el matrimonio); también se reformulan las alianzas que sostenía empáticamente la pareja, surge la preocupación de cómo transitar la soledad y cómo sostener afectivamente los cambios (de domicilio, espacio, vida personal) en tanto rutinas de encuentro con los hijos, entre otras dificultades".
 

En medio de los grandes cambios que se producen en la vida, quienes permanecen fieles al sacramento del matrimonio muestran una manera diferente de transitar por este tiempo: la de abrazar la cruz del Señor, siguiendo los consejos que da la Palabra: “Alégrense en la esperanza, sean pacientes en la tribulación y perseverantes en la oración” (Rom 12, 12). Esta fue la experiencia de Silvana, quien durante un Retiro de separados fieles al sacramento1 decía: “Descubrí que las tribulaciones y luchas se convierten en un camino de esperanza, no porque se terminan los inconvenientes, sino porque el Santo Espíritu de Dios está conmigo y es el único capaz de transformar mis sufrimientos en gracia. Así fue como experimenté la gracia de la liberación de la esclavitud del dolor, del sentimiento de fracaso, de no pertenencia y desesperanza”. No es fácil, pero el Señor pone los medios, como expresa María Pía, del grupo Santa María de Caná2: “En aquel período de agudo dolor, frecuentaba con asiduidad el grupo de oración, participaba de la misa todos los días, me nutría de la Palabra de Dios y a la noche por lo general escuchaba Radio María. Me dormía orando e, increíblemente, a la mañana me despertaba con un canto en el corazón que me acompañaba todo el día”.
 

Aprender a perdonar

En términos generales, dice el Lic. Moyano, "es difícil pensar que el rencor no se haga presente en una separación, ya sea de forma manifiesta o encubierta. Tal vez esto depende de la capacidad para elaborar la pérdida que está en juego y tolerar el dolor implícito. En algunos casos parece que se hace necesario encontrar  un culpable para sacarse de encima el dolor".
 

Esta expresión puede nos recuerda un pasaje del Evangelio que se refiere al perdón: “Entonces se adelantó Pedro y le dijo: ‘Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?’. Jesús le respondió: ‘No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete’” (Mt 21, 22). Esta experiencia fue regalada a María Pía: “A medida que adquiría nuevas fuerzas espirituales, el Señor me empujaba hacia el perdón, pero seguía resistiéndome hasta que, durante la homilía del sacerdote en una misa, Dios me hizo reflexionar sobre dos palabras: ‘querer’ y ‘poder’. El ‘querer’ se me pedía, el ‘poder’ era de Dios. Comencé a orar para tener el ‘poder’ de perdonar y el Señor, siempre generoso, me llevó al punto de escribirle a mi marido una carta en la que era yo quien pedía perdón por no haber estado en condición de entenderlo. ¡Las paradojas de Dios! ¡Para entenderlas, hay que vivirlas!”.
 

Quienes permanecen fieles al sacramento regalan la certeza de que su entrega al Padre, a pesar del dolor, hace maravillas.
 

La presencia de quienes permanecen fieles al sacramento anima a vivir la fe con confianza. También, ayuda a pensar la realidad de los cristianos que se separan despegándonos de los libros de teología y los dogmas eclesiales para poner el foco en el testimonio vivo de quienes se animan a ser fieles al llamado recibido en una actitud de cierta rebeldía frente a las propuestas de la sociedad. Al hacer esta opción, reeligen a Dios cada día. Esta alternativa no es sencilla, pero es posible por la fe. Un testimonio sin firma de un hombre del grupo de oración Santa María de Caná da cuenta del arduo camino que esto conlleva: “Yo también, como muchos, considero la disgregación de mi familia como la experiencia más dolorosa de mi vida. Sin embargo, ese mismo suceso marcó para mí, como para otros, el inicio de un camino de fe radicalmente distinto. En esa oscuridad, sentí por primera vez, en modo confuso pero cierto, la presencia del Señor. Y, cerca de mí, a un Dios que se hizo hombre sufriente. Desde entonces estoy observando la cruz y sigo impresionado. Me encontré delante de una opción: podía odiar, vengarme, en el fondo desesperarme, destruir al otro y a mí mismo, o  probar abandonarme al Señor, en una palabra: intentar amar”.

Quienes hacen esta elección dan vida con su testimonio que excede los límites humanos y que se cimienta en la auténtica vocación sobrenatural del sacramento, la gracia del Padre desarrollada en plenitud para amar cada vez más y mejor. De ellos es el Reino de los Cielos porque les es anticipado en el Evangelio lo que vivirán en la vida eterna: “En este mundo los hombres y las mujeres se casan, pero los que sean juzgados dignos de participar del mundo futuro y de la resurrección, no se casarán” (Lc 20, 34-36), ya que el matrimonio es, afirma el P. Ernesto Emanuele (director de la asociación católica de asistencia para padres separados Papà Separati), "una manera de servicio que el Señor regala para aprender a amar y puede seguir siéndolo después de una separación".
 

Quienes permanecen fieles al sacramento regalan la certeza de que su entrega al Padre, a pesar del dolor, hace maravillas. Gracias a ellos, somos testigos de que el Señor transforma todas las heridas, incluso las más hondas. Y su cruz anima a confiar en la providencia.
 

Lara G. Salinas
 

1. Retiro que ofrece en Movimiento de la Palabra de Dios, en donde se intenta profundizar en esta circunstancia de la vida de cara a la voluntad de Dios.

2. En Palermo, Italia, se realizan los encuentros diocesanos Santa María de Caná para sostener la espiritualidad del cristiano que se ha separado.

*Orlando Moyano es licenciado en Psicología, con una maestría en curso; desde 2004 participa del grupo Alianza de profesionales de la salud mental.
 

Otra realidad: los separados en nueva unión

La exhortación apostólica Familiaris Consortio presenta un profundo y exhaustivo análisis de la realidad de la familia. En el número 84, señala con claridad y gran misericordia las líneas pastorales para la comunidad católica, incluidos los separados en nueva unión. El último párrafo se refiere a la privación de la eucaristía de quienes se casan nuevamente. Sobre este punto reflexiona Mons. Le Bourgeois en Cristianos divorciados vueltos a casar: "Aunque la Eucaristía es el centro de la vida cristiana, no constituye la totalidad de esa vida. Por lo demás, el que toma parte en la celebración, aunque no reciba el cuerpo de Cristo, ha participado realmente de la eucaristía. La insistencia con que se habla de la comunión no debe ensombrecer otros aspectos de la vida cristiana". Algunos divorciados casados de nuevo pueden comprender este lenguaje y aceptar este ayuno sin quedar desconcertados. De esta manera, “cuanto más fuerte es la vivencia de la comunidad eclesial en la vida de los cristianos vueltos a casar, tanto mejor pueden comprender y vivir la ausencia de la comunión sacramental” (Documento de CLER, citado en La Pastoral Familiar de Francia N° 89). Pero también conocemos que existen católicos en esta situación "que están convencidos de la nulidad del matrimonio precedente, pero que no la pueden demostrar en el fuero externo, de quienes han hecho ya un largo camino de reflexión y penitencia… La solución pastoral propuesta, desde algunos sitios, como tolerante y benévola, se apoya fundamentalmente sobre el juicio de conciencia de los divorciados vueltos a casar que, sin embargo, han examinado su situación real mediante un coloquio con un sacerdote prudente y experto. De modo particular, él estaría obligado a respetar su decisión en conciencia de acceder a la Eucaristía, sin que eso implique una autorización oficial” (extracto del capítulo del Card. Dionigi Tettamanzi de Sobre la Atención Pastoral de los Divorciados Vueltos a Casar).

Silvia y Jorge Castello*
 

*Autores del libro Separados en nueva unión: una realidad en nuestros días, Ed. San Pablo, 2003. Adaptación de la nota completa disponible online en: http://www.san-pablo.com.ar/rol/?seccion=articulos&id=311


Publicado en la revista Cristo Vive ¡Aleluia! nº187.

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