29 Jul
Una niña llena de amor
por Cristo Vive |
Leído 349 veces | Publicado en Noviazgo y Familia Ultima modificacion el Viernes, 29 de Julio de 2016 12:28
 
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NOTA

Nennolina podría ser la beata no mártir más joven de la historia de la Iglesia.
 

Antonietta Meo nació en 1930 y murió en 1937, a los seis años y medio, luego de que le detectaran un osteosarcoma (cáncer óseo) en la rodilla, que, una vez amputada la pierna, ya había hecho metástasis en todo el cuerpo.
 

Fue una niña muy alegre y profundamente espiritual que ofreció sus dolores por la conversión de los pecadores, por las almas del purgatorio y para que no estallara la guerra.
 

Recuerda Margherita, su hermana, que sus padres sufrieron al pensar cómo sería el dolor de la pequeña tras la amputación. Cuando Antonietta despertó de la operación, su madre le dijo: “Hija, tú dijiste que si Jesús quería tu mano, tú se la darías. Ahora te ha pedido que le des tu pierna”. Y ella respondió: “Le he dado mi pierna a Jesús”. “La primera noche fue terrible”, cuenta Margherita. “Pero ella ofrecía todos sus dolores. Incluso, cuando se cumplió un año de esta operación, lo celebró muy contenta, porque era un año de ofrecimientos a Jesús”.
 

A Nennolina le dolía mucho caminar, pero repetía con alegría: “Que cada paso que doy sea una palabra de amor”. No perdió su vivacidad: multiplicó sus oraciones y tomó la costumbre de poner a los pies del crucifijo, todas las tardes, una carta que al principio le dictaba a su madre y que luego empezó a escribir ella misma con mensajes para Jesús, María, Dios y el Espíritu Santo.
 

“Querido Jesús, tú que has sufrido tanto en la cruz: quiero hacer muchos ofrecimientos y permanecer siempre en el calvario cerca, cerca de ti y de tu mamá”, escribió en enero de 1937, meses antes de morir.
 

Ese año Antonietta tuvo que interrumpir la escuela porque el tumor le había hecho metástasis. En el hospital recibió el sacramento de la Unción de los enfermos. Así y todo, pidió que la llevaran en silla de ruedas todos los días ante una imagen de Nuestra Señora, para recitar oraciones y poner flores a sus pies.
 

“Querida Virgencita: eres tan buena, toma mi corazón y llévaselo a Jesús. Oh, Virgencita, tú eres la misma de nuestro corazón”, le escribió a María en una ocasión, pidiéndole también ser siempre obediente: “Quiero recibir a Jesús de tus manos para ser más digna”.
 

En su última carta antes de morir, Nennolina le escribió a Jesús: “Yo te doy las gracias porque tú me has mandado esta enfermedad, pues es un medio para llegar al paraíso (…).Te encomiendo a mis padres y a Margherita”.
 

Tras su muerte se produjeron conversiones y se derramaron gracias, y su fama de santidad se difundió por todas partes, incluso fuera de Italia.
 

Antonietta es un ejemplo de santidad en las cosas pequeñas: “Para mí ser santa es aceptar día tras día lo que Dios quiere y querer a todos los demás, también a las personas que parece que no aman. Con el amor se pueden superar todos los obstáculos”, explicó su hermana.
 

Eq. de Redacción


Un largo proceso
 

En 1942 se abrió el proceso de beatificación de Antonieta Meo y en 1972 concluyó la fase diocesana, pero al encontrarse en el límite de lo que se considera la edad de la razón, su caso creó perplejidad en quienes lo examinaron y dificultades en el proceso. Aunque ninguna ley canónica determina los límites de edad de quienes se pretende beatificar, en 1981, la Iglesia reconoció plenamente que también los niños pueden realizar acciones heroicas de fe, esperanza y caridad, y por consiguiente pueden ser elevados a los altares. Fue declarada “venerable” por Benedicto XVI el 17 de diciembre de 2007. Su vida ha sido un testimonio de la santidad de los niños que sufren.


Publicado en la revista Cristo Vive ¡Aleluia! nº203.

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