30 Aug
El amor: modelo comunitario de vida
por Cristo Vive |
Leído 1293 veces | Publicado en Vida fraterna y comunitaria Ultima modificacion el Miércoles, 19 de Septiembre de 2012 08:57
 
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REFLEXIÓN -

 

Frente al individualismo de hoy, una respuesta distinta que echa sus raíces en la caridad, el respeto y la solidaridad.



"Les doy un mandamiento nuevo: ‘Ámense unos a otros como yo los he amado. Así también ámense los unos a los otros’. Por el amor que se tengan los unos a los otros, reconocerán que son mis discípulos” (Jn 13, 35).
 

el_amor3Vivimos en ciudades en las cuales nuestros comportamientos sociales oscilan, como en un péndulo, entre dos extremos. Estas actitudes son modelos sociales que se ubican en planos completamente opuestos. Involucran a los vínculos entre personas, la política, la forma cotidiana de vivir, los valores –referencias para la vida–, las decisiones económicas (domésticas o generales)…
 

El modelo de vida que está más difundido con mayor nivel de aceptación es el individualista. Este es el más elegido y fácil de adoptar, porque en apariencia da mucho y pide poco. El segundo modelo, que se contrapone al anterior, es menos popular y más difícil de practicar: el comunitario.
 

La forma de vida individualista implica tener una mirada egocéntrica sobre la vida, se basta a sí misma y descarta al otro a no ser que “sirva para algo”. El documento de Aparecida la caracteriza como una forma teñida de subjetivismo hedonista. La meta de quien adopta esta postura es la realización personal a partir de intereses individualistas: el hombre quiere ser el más lindo, fuerte, rico, poderoso... Los individuos que practican esta forma de vida tienen una manera de pensar inmediatista; no reconocen ni el sacrificio ni el esfuerzo como valores, y entienden el éxito como reconocimiento, una de sus máximas aspiraciones. La persona vive para “tener” por encima de “ser”. Algunos pensadores contemporáneos aciertan al identificar y cuestionar el pensamiento individualista. Zygmunt Bauman, por ejemplo, en su libro Tiempos líquidos ve este período histórico atravesado “por la desconfianza hacia los demás y sus intenciones, por el rechazo a confiar en la constancia y en la fiabilidad de la compañía humana”; observa en última instancia “nuestra incapacidad o desgana para convertir tal compañía en duradera y segura, y, por tanto, en digna de confianza”. Es el modelo vigente que se instala a partir de una filosofía liberal que parte de lo económico pero que se extiende en el resto de los aspectos de la vida.
 

En el documento de Aparecida se explica que surge hoy, con gran fuerza, una sobrevaloración de la subjetividad individual: “El individualismo debilita los vínculos comunitarios y propone una radical transformación del tiempo y del espacio, dando un papel primordial a la imaginación. Se deja de lado la preocupación por el bien común para dar paso a la realización inmediata de los deseos de los individuos, a la creación de nuevos y, muchas veces, arbitrarios derechos individuales, a los problemas de la sexualidad, la familia, las enfermedades y la muerte” (DA 44).
 

En el modelo individualista la persona vive para “tener” por encima de “ser”.
 

El modelo comunitario se define por contraposición al anterior. El ser humano se reconoce a sí mismo como parte de la sociedad; en función de esto, registra y valora al prójimo como esencial para el propio desarrollo. En este sentido, aprecia la diferencia como una riqueza y no como una dificultad.

El hombre que vive según este modelo de vida estima lo obtenido con esfuerzo y ve en el mismo esfuerzo un valor. Sabe esperar, asume que las cosas llevan tiempo porque necesariamente requieren un proceso que involucra otras voluntades y no solo la suya. Sabe compartir y entiende que no se puede ser del todo feliz en un mundo de gente infeliz, por eso encuentra en la solidaridad una de sus fuentes de energía de la cual abreva. Así como la caridad es uno de sus puntos de apoyo, el amor es la columna de su vida.
 

El deseo de amar
 

el_amor2Para ser o hacer comunidad hay que saber amar. El amor no es una cuestión que pueda negociarse. Pero ¿qué es el “amor”? Es importante profundizar nuestra opción por el amor a la luz del Evangelio.
 

La medida del amor, en la cita del Evangelio, es la medida en la que nos amó Jesús: “Ámense como yo los he amado” (Cf. Jn 13, 34b). Jesús en la cruz lo define como entrega, esfuerzo y sacrificio. No se trata de un “amor de caricatura”, volátil, “gelatinoso” e inconsistente que quiere parecerse al real pero que no lo es. El amor del Evangelio es contundente.
 

La relación “tú-yo” se define en la comunidad: “Allí donde haya dos o más reunidos en mi nombre, yo estaré en medio de ellos”, dice Jesús en su Palabra (Mt 18, 20). El “adhesivo” que reúne a las distintas realidades es el amor. Es aquello que pasa por encima de las barreras del “no puedo, no lo resisto, es imposible, no lo siento, no lo quiero”. Nos lleva a reconocer que la invitación de Jesús a vivir en el Evangelio no es una cuestión que pasa por lo sensible o por lo imaginario, sino que es una decisión: amar es una opción que no depende de mi estado anímico: aunque no quiera ni lo sienta, yo opto por compartir mi vida, escuchar, esperar, intentar, confiar…
 

Amar es una opción que no depende de mi estado anímico
 

El Cardenal Pironio dijo en alguna oportunidad: “No podemos valorar la vida si no vivimos en el amor, la ley de la transformación del mundo. El amor que Cristo nos ha manifestado, nos ha enseñado. El amor que perdona, que reconstruye, que es capaz de dar la vida, de pasar por la cruz sin perder la esperanza”.
 

Hoy es un buen día para tomar la decisión de vivir amando, de elegir amar por encima de todo y de pedir la gracia de poder hacerlo más allá de nuestras posibilidades. Para darle gracias a Dios nuevamente por la comunidad que quiso regalamos, por cada hermano a quien a lo largo de nuestra historia de conversión puso en nuestro camino de fe para que ejercitemos con él el don del amor.
 

Francisco Baioni

Centro Pastoral Flores Janer

Capital Federal
 

N. de la R.: Francisco (Pancho), de 45 años, es casado y tiene 4 hijos. Es arquitecto y Prof. de Cs. Religiosas. Trabaja como director del Colegio San Román de Buenos Aires y, junto a su esposa Adriana, pertenece a una comunidad definitiva del Movimiento.

Publicado en la Revista Cristo Vive nº179. 

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