Edtorial

“¿Acaso no estoy yo aquí, que soy tu Madre?”

Este fue el mensaje que María le dio a Juan Diego cuando él, turbado, le dijo que no se sentía capaz de cumplir con la misión que ella le encomendaba. […]

Este fue el mensaje que María le dio a Juan Diego cuando él, turbado, le dijo que no se sentía capaz de cumplir con la misión que ella le encomendaba. Pero la Madre le respondió con el deslumbrante signo de la impresión de su imagen en la tilma que llevaba.

Por eso el Papa, en Un enemigo muy peligroso, nos indica el camino: “Vayamos a la Virgen; ella nos custodia. (…) En el tiempo de las turbaciones espirituales, hay que refugiarse bajo el manto de la gran Madre de Dios”. 

Sin duda, “el tentador abre las grietas porque no quiere que creamos y nos salvemos”, asegura Cani, una hermana ya fallecida que nos dejó el testimonio de su vínculo con María: “Ella ya aplastó la cabeza de la serpiente y si nosotros nos abrazamos a Ella y le pedimos su intercesión, vamos a poder vivir en la gracia sobrenatural y el amor en todas las cosas que hagamos”. Este vínculo con María inspira también a quienes asisten a los necesitados, como ocurre con las servidoras de los Proyectos Raquel y Esperanza: espacios de sanación para mujeres y familias que abortaron.

Por otro lado, la sociedad parece estar convulsionada, en parte, debido a los Cambios en la distribución de la riqueza que podemos leer en el artículo de Rubén Guillemí. Frente al abatimiento que esto puede provocarnos, vayamos hacia nuestra Madre y creamos que “María nos abraza también a nosotros desde la sonrisa eterna del Padre que engañó al maligno con la Resurrección de su Hijo”, como afirma el Padre Ricardo en el anuncio Madre de la Esperanza.

¡La muerte ha sido vencida! Demos gracias a Dios que nos dio la victoria por nuestro Señor Jesús. Permanezcamos firmes e inconmovibles, progresando en la obra del Señor, con la certeza de que los esfuerzos que realizamos por Él no serán vanos (Cf. 1Cor 15,53-55).

Laura di Palma

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