Editorial de la Palabra de Dios

Aliviar el corazón de los “pastores”

Carola intercedió por sus coordinadores* y por las heridas que había provocado en ellos a lo largo de los años.

Por Providencia de Dios, hace unos años estoy trabajando en un colegio de la Congregación de los hermanos Dehonianos que tiene un carisma muy particular: “la reparación”. Los hermanos me explicaron que su lema surge de la necesidad de la oración: después del paso del pecado, quedan heridas en las almas y en la sociedad que pueden ser reparadas con mucha oración y gestos de amor concretos. Esta explicación del carisma me gustó, entonces lo hice propio.

En un retiro que hicimos con los hermanos del Centro Misericordia, al que pertenezco, nos hablaron de la “gracia pastoral” que se derrama en los hombres para ayudar a otros a conocer a Jesús. Para eso, nos mostraron una  imagen de una ovejita “apachuchada”. En ese momento, me sentí como la ovejita del dibujo y pensé que, a lo largo de los años, había herido con mis palabras y mis gestos, quizá sin querer, a quienes me habían ayudado en mi camino de fe, a mis “pastores”. En la oración, se me hizo presente la gracia reparadora y le pedí a Jesús que obrara sobre los rastros que había dejado, en sus corazones, mi pecado:

Corazón Sagrado y Reparador de Jesús: A través de tu poderosa Misericordia, te pido reparación por el corazón herido de mis pastores. Por las heridas que más de una de las ovejas causamos con nuestras murmuraciones, prejuicios, intolerancia  y faltas de amor. Reparación por los enojos que guardamos contra los pastores cuando decimos o sentimos que sus decisiones son errores pastorales. Reparación cuando les “ponemos caras”, cuando no nos gusta lo que nos dicen o nos”corrigen”. A Ti te pido reparación, Corazón Sagrado de Jesús, cuando no nos atrevemos a pedir perdón al pastor. Te pido reparación en el cansancio y el desgaste del tiempo que dedican en su servicio. Te pido la renovación de la frescura de la gracia pastoral en cada uno de mis pastores.

Doy gracias a Dios y a ti, hermano pastor, por tu “sí”. Por elegir y decidir ser pastor. Gracias por tu confianza en el llamado de Dios. Por la entrega de tu vida  de todos estos años. Gracias a Dios por la fecundidad de la entrega de tus tiempos. Gracias por el valor del cuidado de tus proyectos personales, familiares y laborales, sin dejar el llamado discipular. Gracias por tu permanencia en medio de las dificultades. Gracias, hermano pastor, por tu anuncio y tu testimonio de vida.

Jesús Pastor: dales ánimo a mis pastores. Quiero escucharlos más. Gracias, Señor, por el amor de mis pastores puesto en el servicio que ellos tienen, por el cuidado de cada uno de nosotros y por el anuncio que hacen de tu Palabra.

Carola Lesleri
Centro Pastoral Misericordia de Flores
Buenos Aires

* En los grupos del Movimiento, los “pastores” (coordinadores) tienen como servicio acompañar el proceso comunitario y personal de sus miembros, en relación a su camino de evangelización, personalización, oración y servicio.

Publicado en Revista Cristo Vive ¡Aleluia! Nº 189 (SEPT-OCT 2013)

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