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10 Sep

Jornadas de María

Publicado en Noticias

En agosto, el mes de la fiesta de la Asunción de la Virgen, se realizaron las jornadas en torno a María, reconocidas entre nosotros como “santuarios vivientes”. “Me enseñarás el sendero de la vida” (Sal 15, 11) fue el lema que unió a quienes participaron en los distintos lugares del país y del exterior. En el marco de dicho encuentro, se presentó el libro Madre de la Palabra de Dios y Guardiana de nuestra fe que relata la historia de la inspiración de la advocación mariana de nuestro carisma; es el cuarto título de la colección María en el Mundo de la Editorial de la Palabra de Dios. ¡María, presente en cada rincón de la tierra, interceda por toda la humanidad!

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REFLEXIÓN.-

Pensar la crisis ecológica desde la Palabra de Dios


Como señala el biblista argentino Armando Levoratti existe un “lazo solidario que une a los seres humanos con la tierra madre” atestiguado en el texto bíblico, como por ejemplo leemos en el capítulo dos de Jeremías: “Yo los hice entrar en un país de vergeles, para que comieran de sus frutos y sus bienes; pero ustedes entraron y contaminaron el país e hicieron de mi herencia una abominación” (Jer 2,7).


La tierra en la mentalidad bíblica existe por voluntad de Dios, es posesión suya ya que Él es su Señor; es primeramente el espacio vital del hombre donde se desarrolla la civilización humana. Por otra parte, la tierra es el lugar de lo imperfecto y lo transitorio, del pecado y de la muerte. Es decir, que la tierra es el lugar del límite. Toda creación se encuentra frente al límite de no darse la existencia a sí misma.


“Escuchen la palabra de Dios, israelitas, porque el Señor tiene un pleito con los habitantes del país: ya no hay fidelidad ni amor, ni conocimiento de Dios en el país. Solo perjurio y engaño, asesinato y robo, adulterio y extorsión, y los crímenes sangrientos se suceden uno tras otro. Por eso, el país está de duelo y languidecen todos sus habitantes; hasta los animales del campo y los pájaros del cielo, y aun los peces del mar, desaparecerán” (Os 4,1.3).


La relación entre el hombre y la tierra como un vínculo


Frente a la magnanimidad del Dios Creador que ofrece a los israelitas un país, una tierra, un vergel, el pueblo “contamina” la tierra y las situaciones de pecado que afectan la vinculación con el prójimo inciden trágicamente en el curso de la naturaleza.


Lo que sucede al hombre, como comunidad humana, tiene una incidencia sobre la tierra que ocupa. El pecado del hombre, como ruptura de la alianza con Dios, es una “contaminación” no solo del hombre, sino también de la naturaleza en que asienta su vida.


La tierra se ha recibido, como Providencia de Dios, frente a la necesidad del pueblo que vive oprimido, sin poder satisfacer sus necesidades: “Dijo Yahvé: ‘He bajado para librarles de la mano de los egipcios y para subirlos de esta tierra a una tierra buena y espaciosa; a una tierra que mana leche y miel’” (Cf. Ex 3,7-8).


Esta tierra que ha sido dada y a la que los hombres fueron conducidos puede ser recibida por la comunidad de dos modos: como un territorio para dominar o como un espacio para labrar y cuidar.


En el libro del Génesis, Dios bendice a Adán y Eva y les encomienda: “Sean fecundos y multiplíquense, llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar y a las aves de los cielos y a todo animal que se mueve sobre la tierra” (Gn 1, 28). La lectura que se ha hecho de este pasaje suele hacer foco en el mandato de dominación y es objeto de las críticas del ecologismo debido a que, durante años, fue motivo para legitimar el pensamiento antropocentrista, depredador y antiecológico del hombre. 


Es necesario realizar una lectura más abierta a la actual sensibilidad ecológica sobre este pasaje, que sea más fiel al texto bíblico y a la relación que el Señor nos pide que establezcamos con la Tierra, que podemos encontrar en el segundo capítulo del Génesis: “Tomó, pues, Dios al hombre y lo dejó en al jardín de Edén para que lo labrase y cuidase” (Gn 2, 15).


En el Génesis, Dios se revela como Señor de la Creación y el hombre, imagen de Dios, participa de ese señorío como administrador y protector del suelo que habita. Su tutela está sujeta a su libertad y por eso abre la posibilidad al pecado, a la “contaminación” de aquello que le fue dado para cubrir sus necesidades vitales. 

La presencia del mal, la irresponsabilidad del hombre, su intento de romper los límites (Cf. Gn 3, 1-7), trae consigo efectivamente la discordancia: la violencia entre los hombres, representada en Caín (Cf. Gn 4), la agresión hacia la naturaleza, que se vuelve hostil al hombre (Cf. Gn 3, 16-19) e infecunda por la sangre derramada (Cf. Gn 4, 10-11).


El vínculo entre el hombre y la tierra y los mandatos de Dios


La Creación y vida del hombre, bíblicamente está ligada a un mandato creacional que limita la autonomía del hombre al señalar que no debe apoderarse del discernimiento del bien y del mal (Cf. Gn 3, 2-3). El relato creacional reserva al Creador el señalar cuál es el camino del bien para la vida del hombre porque le permite su realización.

Con ese mismo sentido podemos leer el mandamiento del descanso sabático de la tierra que indicaba la obligación de dejar los suelos en barbecho cada siete años.


“Seis años sembrarás tu tierra y recogerás su producto; al séptimo la dejarás descansar y en barbecho, para que coman los pobres de tu pueblo, y lo que quede lo comerán los animales del campo. Harás lo mismo con tu viña y tu olivar” (Ex 23 10-11).


Estas leyes afirman el dominio absoluto de Dios sobre la tierra, ya que hasta los campos guardarán el descanso del sábado semanal y cada siete años.


“Habló Yahvé a Moisés en el monte Sinaí diciendo: ‘Habla a los israelitas y diles: Cuando hayan entrado en la tierra que yo voy a darles, la tierra tendrá también su descanso en honor de Yahvé. Seis años sembrarás tu campo, seis años podarás tu viña y cosecharás sus productos; pero el séptimo año será de completo descanso para la tierra, un sábado en honor de Yahvé: no sembrarás tu campo, ni podarás tu viña. No segarás los rebrotes de la última siega, ni vendimiarás los racimos de tu viña sin podar. Será año de descanso completo para la tierra. Aun en descanso, la tierra los alimentará a ti, a tu siervo, a tu sierva, a tu jornalero, a tu huésped, que residen junto a ti. También a tus ganados y a los animales de tu tierra servirán de alimento todos sus productos’” (Lev 25, 1-7).


Estos preceptos defienden los derechos del pobre y del extranjero, y aseguran el descanso de los hombres y animales. La ley de santidad para el pueblo, expresada en el Levítico, tiene un sentido “eco-teológico”, donde el derecho de Yahvé como propietario a decidir cómo utilizar la tierra no está dirigido “a un enriquecimiento basado en privilegios, porque Él no necesita nada, sino que la finalidad es que también la tierra (como los hombres y los animales) goce del derecho a la regeneración”.2


Tanto es así, que el texto bíblico interpreta el destierro como consecuencia de desatender los mandamientos de Yahvé. Mirando al pueblo de Israel, es un tiempo de desolación y de catástrofe; pero mirando a la tierra, se trata de una reparación histórica, donde se permite el descanso (barbecho) que no había sido concedido por Israel.


“Y a los que escaparon de la espada los llevó cautivos a Babilonia, donde fueron esclavos de él y de sus hijos hasta el advenimiento del reino de los persas; para que se cumpliese la palabra de Yahvé, por boca de Jeremías: ‘Hasta que el país haya pagado sus sábados, descansará todos los días de la desolación, hasta que se cumplan los setenta años’” (2 Cr 36, 20-21).

En este sentido los mandatos de Dios expresados en la relación Creador-creatura instalan una relación “creatura-creaturas”, donde la tierra también creada no es un mero instrumento para el hombre sino un vínculo, una relación, que debe ser cuidada. Así la relación del hombre con Dios es un límite para el pecado del hombre; el hombre no es señor absoluto de la Creación sino un administrador responsable de los bienes que le han sido ofrecidos para que desarrolle su existencia.


El límite de ser sujetos de una relación


La mentalidad bíblica nos coloca en una dimensión de relación. Aún las catástrofes son percibidas por el pueblo de Israel como una problemática relacional: el pueblo ha perdido la alianza con Dios, ha abandonado su vinculación con el Creador y por eso es castigado justamente, debe reparar su error y restaurar la alianza. 

En nuestra mentalidad contemporánea ya no podemos asumir las desgracias ambientales como fruto del pecado, ni aún desde la fe sostenemos una imagen de un Dios castigador y vengativo.

Pero sí es una clave de interpretación de las problemáticas ambientales pensar al hombre en relación con la tierra y con las creaturas. 

Esta relación es un límite a la voracidad humana, nos convierte en sujetos de un vínculo que nos auto-limita y protege así nuestro espacio vital de una explotación destructiva. El límite custodia al hombre de una autoexplotación, que incluye la explotación de su propio espacio vital.

Byung-Chul Han, filósofo de mucha actualidad, señala que cuando el hombre se libera de ser “sujeto”, de “estar sujeto”, por ejemplo a la ley de la tierra, se vive como un proyecto que construye el mismo.3


El hombre se “libera” del mandato de cuidar la tierra y se vuelve él mismo un “proyecto” que ejerce violencia en forma de rendimiento, optimización y explotación sobre sí mismo y, en consecuencia, sobre los recursos naturales. Así lo que parece una experiencia de libertad, de romper las cadenas de una fuerza que esclaviza en el mandamiento religioso, comienza a engendrar ella misma una nueva esclavitud: el mandato ahora es produce, rinde, da más.


Al ser esta una sociedad del rendimiento, más libertad significa más obligación de producir. El rendimiento genera una auto-explotación que derrumba a la persona, en nuestra visión, derrumba a la persona y al ambiente vital; “desarrolla una auto-agresividad que no pocas veces desemboca en el suicidio”.4


Vivimos, denuncia Byung-Chul Han, en una sociedad que ha pasado de estar apoyada en el “deber” a una sociedad del rendimiento, asentada en el verbo “poder”: ¡tienes que poder! Dado que el “deber” se conforma como un límite al incremento es sustituido por el “poder” de la motivación, la iniciativa, en definitiva, el “proyecto”.

El hombre liberado del “deber” y de los mandatos es más libre para explotarse a sí mismo y así también explotar su espacio vital.5 El explotador, desde la mentalidad bíblica que nos ha iluminado, se explota a sí mismo y al espacio vital que le ha permitido desarrollarse y sustentarse.


Es necesario volver a pensar el sentido de los mandamientos de Dios, no podemos verlos como una cárcel que nos impide ser libres, sino más bien como una señal que nos indica un límite, una protección frente a nuestras propias fuerzas que podemos utilizar destructivamente. 


También podemos descubrir que hay mandamientos en las ideologías y en los sistemas económicos, por ejemplo, los que impulsa el sistema capitalista neo-liberal: produce más, rinde más, da más. Cuando estos “mandatos” se imponen sobre los recursos naturales se genera un dinamismo de extracción destructor de la naturaleza que se nos ha encargado cuidar. Un ejemplo de esto es claramente la mega-minería.


Podríamos señalar, para concluir, que la relación del hombre con Dios es un límite para el hombre; este no es dueño para despojar la Creación de todos sus bienes sino un “cuidador” responsable de la riqueza de la Creación en que ha sido creado.


P. Juan Bautista Duhau, MPD


1. Levoratti, A., “Ante la crisis de la ecología”, Comentario Bíblico Latinoamericano: Nuevo Testamento, Estella, Verbo Divino, 2007, p. 104.

2. Uehlinger, C., “El clamor de la tierra, el clamor de los pobres...”, Concilium 261 (1995), p. 801.

3. Cf. Byung-Chul Han, En el enjambre, Barcelona, Herder, 2014, p. 50.

4. Ibid., p. 53.

5. Cf. Byung-Chul Han, La agonía del eros, Barcelona, Herder, 2014, p. 11.

TESTIMONIO.-

Durante un fin de semana, todo el personal dejó la ciudad para realizar un retiro espiritual y encontrarse con Dios.


El Colegio San José de la provincia de Córdoba, que pertenece al Movimiento de la Palabra de Dios, hace tiempo, propone un retiro para todo el personal: docentes, maestranzas y administrativos. Este año, lo realizamos en la casa de Encuentro y oración de Cuesta Blanca.

En total, participamos alrededor de cincuenta personas. Las sierras y un lindo sol otoñal nos esperaban para empezar el encuentro con cantos, juegos y una oración. Luego, recibimos una charla en la que se nos invitó a profundizar nuestro vínculo con la Palabra de Dios. Siguió un momento de meditación personal y, luego, un compartir: pusimos en común la experiencia de la oración. 

Más tarde, caminamos hasta el dique que existe en el lugar y disfrutamos del río tomando unos mates, aunque algunos optaron por la consabida siesta cordobesa.

No faltó la Eucaristía y el trabajo con el Evangelio al hacer un Encuentro en la Palabra. Cada año necesitamos más tiempo para realizar esta actividad debido a que la participación es muy activa.

A la noche, hicimos un fogón y los talentos artísticos surgieron; ¡nos dolió la panza de tanto reírnos!

Al día siguiente, nos dimos testimonio unos a otros del paso de Dios en cada nivel del instituto y le agradecimos al Padre por tanto amor recibido. 


Estos son algunos de los testimonios recogidos:


En una actividad del retiro, nos pidieron que compartiéramos un texto que haya sido significativo en nuestra vida. Ahí recordé la cita de Corintios: “Llevamos este tesoro en vasijas de barro” (2 Cor 4) y pude recrear el tesoro que es el Evangelio en todos los aspectos de mi vida. Recordé y reconocí que nuestra fragilidad está sostenida por la Palabra de Dios, por su amor, y que sin su presencia nos partimos como vasijas de barro…

Sentí que el Señor iluminó todos los ámbitos donde debo estar: mi trabajo, mi familia… Tengo la certeza de que no es fácil, pero tampoco imposible, hacer presente su Palabra en medio de nuestra tarea; que Él no nos abandona, sino que nos sostiene y alienta con su Palabra, en un mensaje siempre nuevo.

Adriana Coniglio, de maestranza. 


“Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les preguntó: ‘¿Qué están buscando?’. Ellos dijeron: ‘Maestro, ¿dónde vives?’” (Jn 1,38). Con esta Palabra, mi corazón se abrió a la última pregunta porque sentí que la respuesta de Jesús: “Vengan y verán” era una invitación a buscarlo a Él en mis compañeros. 

Ellos, con quienes comparto más de seis horas diarias, son su presencia viva: el sagrario humano de Jesús que el Padre Ricardo me había enseñado a través de su libro tiempo atrás.1

Durante todo el retiro experimenté el amor vivo del Padre en cada gesto y momento compartido. Sentí que Él volvió la mirada a lo más profundo de nuestro ideario institucional y renovó el deseo que tenemos como institución de ser fieles a su voluntad. 

Siento que Dios, de manera amorosa, me habló con claridad y señaló cuál debía ser mi búsqueda. Con su Palabra, me invitó nuevamente a descubrirlo, a amarlo y a servirlo a través de mis hermanos y me mostró el porqué de mi llamado a trabajar en el San José.

Marta Depetris, directora del nivel secundario. 


Este retiro renovó en mí el vínculo con la Palabra de Dios. Me recordó la importancia de tenerla presente en los momentos de reunión del gabinete (sobre todo, en las situaciones más problemáticas) y que el Evangelio sea lo que sostenga los distintos momentos en los que se hace difícil el trabajo. ¡Que esta gracia nos llegue a todos! 

Mariela Brandán, psicóloga.


“Entre tantas voces que ensordecen, la oveja reconoce y sigue la voz de su Pastor” (Cf. Jn 10, 27). En estos días de encuentro, pude descubrir que el Padre nos rescata a través de su Palabra. Que consuela, anima, conduce, acompaña y ama. Él nos invita a salir de nosotros mismos e ir al encuentro del hermano que nos necesita. ¿Por qué buscamos en tantos lados cuando en la Palabra está esa luz que muchas veces necesitamos? ¡Que María sea nuestro ejemplo de búsqueda serena y entrega silenciosa! 

Graciela César, profesora de Informática.


Mi testimonio del fin de semana se resume en que todo el tiempo se “movió” la Palabra de Dios y esto trajo un clima fraterno y de alegría. Le doy gracias al Señor por haber podido participar.

Clarita Espíndola, portera.

Partimos con el corazón repleto de alegría, con ganas de seguir civilizando el mundo desde este lugar de trabajo que Él nos regaló y que cada uno construye poniendo su granito de arena.

Equipo de conducción

Colegio San José

Prov. de Córdoba


1 P. Ricardo, MPD, El sagrario humano de Jesús. Una espiritualidad del trato fraterno, Buenos Aires, Editorial de la Palabra de Dios, 2006.

ANUNCIO.-

Cuando las ideas, nuestro querer o la belleza se “disfrazan” de Dios.*


Aveces queremos aprovecharnos de Dios y esperamos que Él quiera lo mismo que nosotros deseamos o esperamos. Sin embargo, es al revés: tenemos que buscar lo que Él quiere, no que Él quiera lo que yo quiero.

Esto muchas veces puede estar larvado en la forma en que queremos resolver una situación, o en el modo en que le pedimos algo a Dios. Y luego, no recibimos la respuesta que esperábamos porque Él obra de otra manera. Dios no deja que nos aprovechemos de Él.

El P. Vlasic, en el artículo “En los límites sin limitaciones”1, expresa: “Cuando intentan utilizarlo, Jesús se retira y el hombre se queda solo, consigo mismo en el vacío. Lo mismo ocurre en la experiencia espiritual, en el plano de cada pensamiento, sentimiento y acción”. 

Esa es la experiencia del vacío que podemos tener. Hay un vacío al que Jesús invita que es la entrega de sí mismo, de quedar vacío de uno mismo para ser llenados por Dios. Eso es una cierta cumbre del camino de la santidad. No es lo más sencillo, pero es el punto central y final de nuestra vida.

Podemos pedirle luz al Señor para ver qué vacíos interiores hemos vivido, qué significa en mí en distintos momentos: ¿reconozco el vacío que hay en mí o no?, ¿cómo lo tengo registrado?, ¿qué hago cuándo lo registro?

Cuando aparece esta experiencia de vacío, a veces, lo procuramos llenar con algo que nosotros mismos nos creamos pero que en realidad no llena. Allí es cuando pueden aparecer las que llamamos “absolutizaciones”. Cuando queremos cambiar el vacío por “falsos dioses” o pequeños absolutos.


Aquí tomaremos cuatro posibles absolutizaciones:

1) La absolutización de las ideas. Esto es muy propio de las distintas tendencias e ideologías de los gobiernos, según lo que piensan, según lo que imaginan… Es una absolutización que no tiene nada que ver con el absoluto de Dios, porque el Absoluto es Dios mismo. Las absolutizaciones no llenan y pretenden reemplazar, de alguna manera, el absoluto de Dios. Este es el camino de las ideas y de las ideologías.

A veces, estas ideologías para bajar a lo concreto necesitan tener un líder que las encarne y las impulse. Por ejemplo, como ocurrió durante el nazismo con su líder, Hitler. Esta ideología sostiene una absolutización que podemos ejemplificar diciendo: “Esto es para todos, en todo el mundo hay que vivirlo, si los judíos lo impiden, entonces hay que eliminarlos”. 


2) La absolutización de la energía. Esto es bastante propio del budismo. Francisco habla del “neo budismo” que se está universalizando, algo que era propio de algunas naciones de Asia, ahora se generaliza con distintas expresiones, como la New Age, por ejemplo. 

La experiencia del budismo es el vacío interior, el nirvana, la nada. Es el desprenderse de los condicionamientos para ser libres de todo. En el fondo es la búsqueda de que uno sea el absoluto. Pero la nada, ¿con qué se la llena? ¿Cuál es el sentido personal de la nada? Es un absoluto etéreo. 

Entonces, más vale revestirse de sentimientos positivos con determinados ejercicios físicos, mentales u otros, pero solo son revestimientos.


3) La absolutización del propio querer. Es la imposición de la voluntad propia, que ocurre mucho en las dictaduras. En el poder de los grandes dictadores y emperadores que aun, en esta época, también existen. A veces puede ser que el imperio sea de una nación –por ejemplo, podemos pensar en Yugoslavia en el tiempo de Tito–, y otras veces tiende a ser universal.


4) La absolutización de la estética. Esta aparece cuando se toma a la belleza como Dios. Se sostiene que todo lo que es bello es bueno y que lo que hay que mirar y valorar es solo la belleza. Sin embargo, ¿se le puede hablar a la belleza? 

Evidentemente, la belleza es una propiedad de Dios, pero ella no es un absoluto.

Una característica de las absolutizaciones es lo global, lo impersonal. No se trata de un “tú” en concreto. Uno no se puede vincular con la energía o con la idea, por ejemplo, no es posible dialogar con la energía, con la idea en abstracto. Esto es algo impersonal.

Alguien dice: “Yo creo en Dios y ya está, es suficiente”, pero al preguntar: “¿Puedes hablar con Dios?” nos responde: “No, pero yo creo en Dios”. Le señalamos: “No es suficiente” y reafirma: “Él sabe lo que hago…”. Esto es impersonal. 

A veces en la credulidad popular existe el vínculo impersonal con Dios y hay que educar la fe para que la persona no viva una falsa creencia.

Es necesario darnos cuenta de nuestra tendencia a hacer absolutizaciones que tantas veces se revisten de otra cosa, como de verdad o de bien. Pero nosotros, al recibir la Revelación de Dios, ella nos protege de las pseudo-absolutizaciones, de aquellos “disfraces de Dios” que no son Dios, porque no son absolutos divinos.


P. Ricardo, MPD


1- Publicado en Cristo Vive, ¡Aleluia! n° 169.

* Extracto de una charla ofrecida por el P. Ricardo a los consagrados del Movimiento, el 23 de julio de 2017 en Tristán Suárez, Buenos Aires.

ENSEÑANZA APOSTÓLICA.-


¿Cuál es el fundamento de nuestra misión?

  • Una transformación necesaria 

La Iglesia es misionera por naturaleza. El Evangelio es la Buena Nueva que trae consigo una alegría contagiosa porque contiene y ofrece una vida nueva: la de Cristo resucitado, que es Camino, Verdad y Vida (Cf. Jn 14,6). Es Camino porque nos invita a seguirlo con confianza y valor. Al seguir a Jesús como nuestro Camino, experimentamos la Verdad y recibimos su Vida, que es la plena comunión con Dios en la fuerza del Espíritu Santo, que nos libera del egoísmo y que es fuente de creatividad en el amor.

El Padre desea una transformación existencial de sus hijos que se expresa en una vida animada por el Espíritu Santo en la imitación de Jesús. De este modo, el anuncio del Evangelio se convierte en Palabra viva y eficaz que realiza lo que proclama (Cf. Is 55, 10-11).


  • Jesús, contemporáneo nuestro

La misión de la Iglesia no es la propagación de una ideología religiosa, ni tampoco la propuesta de una ética sublime. Muchos movimientos del mundo saben proponer grandes ideales. A través del anuncio del Evangelio, Jesús se convierte de nuevo en contemporáneo nuestro, de modo que quienes lo acogen con fe y amor experimentan la fuerza transformadora de su Espíritu que fecunda lo humano y la Creación, como la lluvia lo hace con la tierra.

  • Fuente de vida

“No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva”, nos enseñó Benedicto XVI en su encíclica Deus caritas est. El Evangelio es una Persona que continuamente se ofrece e invita a los que la reciben con fe humilde y laboriosa a compartir su vida mediante la participación efectiva en su misterio pascual. El Evangelio se convierte así, por medio del bautismo, en fuente de vida nueva, libre del dominio del pecado, que es iluminada y transformada por el Espíritu Santo. Por medio del sacramento de la confirmación, se hace unción fortalecedora que indica caminos y estrategias de testimonio y de proximidad; y, por medio de la Eucaristía, se convierte en el alimento del hombre nuevo. 

  • Una fuerza transformadora

A través de la Iglesia, Jesús continúa su misión de buen samaritano porque cura las heridas sangrantes de la humanidad, y de buen pastor, porque busca sin descanso a quienes se han perdido por caminos tortuosos y sin una meta. Gracias a Dios, no faltan experiencias significativas que dan testimonio de la fuerza transformadora del Evangelio; podemos pensar en numerosísimos testimonios de cómo la Palabra ayuda a superar la cerrazón, los conflictos, el racismo y el tribalismo y promueve en todas partes, y entre todos, la reconciliación, la fraternidad y el compartir.

  • Jóvenes “callejeros de la fe”

Los jóvenes son la esperanza de la misión. La persona de Jesús y la Buena Nueva proclamada por Él siguen fascinando a muchos jóvenes. Ellos buscan caminos en los cuales poner en práctica el valor y los impulsos del corazón al servicio de la humanidad.

Son muchos los jóvenes que se solidarizan ante los males del mundo y se embarcan en diversas formas de militancia y voluntariado. ¡Qué bueno es que los jóvenes sean “callejeros de la fe”, felices de llevar a Jesucristo a cada esquina, plaza y rincón de la tierra!

  • Una Iglesia en salida

La misión de la Iglesia está animada por una espiritualidad de éxodo continuo; se trata de “salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio”.1 Estimula una actitud de continua peregrinación a través de los diversos desiertos de la vida, de las diferentes experiencias de hambre y sed, de verdad y de justicia. Se propone una experiencia de continuo exilio para hacer sentir al hombre, que tiene sed de infinito, su condición de exiliado en camino hacia la patria final, entre el “ya” y el “todavía no” del Reino de los Cielos. La misión no es un fin en sí misma, sino que es un humilde instrumento y mediación del Reino. 


  • El éxito de la misión

Una Iglesia autorreferencial, que se complace en éxitos terrenos, no es la Iglesia de Cristo, no es su cuerpo crucificado y glorioso. Es por eso que debemos preferir “una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades”.2

  • Obras concretas

Hay que vivir a diario una profunda espiritualidad misionera, tener un compromiso constante de formación y animación para la misión, seamos jóvenes, adultos, familias, sacerdotes, religiosos u obispos; debemos involucrarnos para que crezca en cada uno un corazón misionero. Que las comunidades cristianas participen, a través de la oración, del testimonio de vida y de la comunión de bienes, en la respuesta a las graves y vastas necesidades de la evangelización, en todas las obras misioneras.

  • María, la misionera

Hagamos misión inspirándonos en María, Madre de la evangelización. Ella recibió la Palabra de vida en lo más profundo de su humilde fe. Que la Virgen nos ayude a decir que “sí” en la urgencia de hacer resonar la Buena Nueva de Jesús en nuestro tiempo; que nos obtenga un nuevo celo de resucitados para llevar a todos el Evangelio de la vida que vence a la muerte; que interceda por nosotros para que podamos adquirir la santa audacia de buscar nuevos caminos para que a todos llegue el don de la salvación.

Francisco


N.de la R.: El próximo Sínodo de los obispos, que será en octubre de 2018 sobre el tema “los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”, se presenta como una oportunidad providencial para involucrar a los jóvenes en la responsabilidad misionera, que necesita de su rica imaginación y creatividad.

1. Evangelli Gaudium, 20.

2. Ibid., 49.

NOTA EDITORIAL.-

“Al principio Dios creó el cielo y la tierra (…). Entonces Dios dijo: ‘Que exista la luz’. Y la luz existió” (Gen 1, 1-3). Estas son las primeras palabras de la Biblia; manifiestan la obra creadora de Dios Padre, quien decide entregar a sus hijos una tierra. Pero ¿qué hizo el hombre con lo que se le dio para custodiar? Esto es lo que propone reflexionar el autor de El vínculo Dios-Tierra-hombre a la luz de la Palabra de Dios.


“En la Palabra está esa luz que muchas veces necesitamos”, asegura un participante de Un espacio distinto con compañeros de trabajo. La Palabra de Dios “es una fuerza transformadora que ayuda a superar la cerrazón, los conflictos, el racismo y el tribalismo y promueve en todas partes, y entre todos, la reconciliación, la fraternidad y el compartir”, afirma Francisco en Un corazón misionero.


De ello dan cuenta los testimonios Gestos que contagian y Por más igualdad. Se trata de buscar caminos y estrategias de proximidad para llegar a los demás. De esto da ejemplo la vida de Malala Yousafzai, Premio Nobel a los 17. “El Señor necesita corazones dóciles y talentosos puestos al servicio”, dice el Papa; eso es algo que fundamentalmente los jóvenes pueden ofrecer. A ellos está dedicado el próximo Sínodo de obispos, un tema que podemos vislumbrar en el artículo Dios apuesta por ti.


En este tiempo de profundos cambios socioculturales, políticos y ambientales, Dios quiere de nosotros una transformación existencial para que podamos Construir puentes de diálogo (ver p. 31), que estemos advertidos de las Estrategias del mal espíritu (ver p. 26) y que abandonemos Las absolutizaciones (ver p. 10) con las que a veces buscamos llenar nuestros vacíos. Así podremos cantar las alabanzas: “Señor, ¡qué admirable es tu nombre en toda la tierra!” (Sal 8,2).

Laura di Palma



SUMARIO

ENSEÑANZA APOSTÓLICA

Un corazón misionero – Francisco

ANUNCIO

Las absolutizaciones –P. Ricardo

TESTIMONIO

Gestos que contagian – M. Pardo

Un espacio distinto con compañeros de trabajo – Eq. de Conducción Col. San José

Por más igualdad – A. A. Nasser

Una nueva alianza – A. Spinozzi

NOTA

Premio Nobel a los 17– E. de Redacción

“Dios apuesta por ti” – P. D. Maloberti

ECOS DEL CURSILLO

Las paredes derribadas – M. Mujica

REFLEXIÓN

El vínculo Dios-hombre-tierra – P. J. B. Duhau

Construir puentes – R. Luciani

Estrategias del mal espíritu – Fray O. Escobar

Mi hermano vive en mí – R. Guillemí

ORACIÓN

Los dones – M. Hernández

La Madre de Dios siempre está cerca de nuestra vida. Nos sorprende la gran variedad de formas en las que se hace presente en el mundo.

En estas páginas queremos compartir la gracia que nos regala la Madre de la Palabra de Dios y Guardiana de nuestra fe, el relato de cómo tuvo lugar la inspiración, los sucesos que dieron a luz la imagen y los frutos y testimonios de de esta nueva advocación mariana. Con ella se identifica el carisma del Movimiento de la Palabra de Dios.


Con esta colección, María en el mundo, queremos difundir y acompañar la presencia silenciosa de la Madre de Dios, quien no deja de hacerse cercana a nosotros, sus hijos, a través de sus apariciones y diversas advocaciones.

 

Otros títulos de la colección: La Virgen de la Revelación, La Madre de todos los Pueblos, La Virgen de El Cajas, Nuestra Señora del Pilar, Nuestra Señora de Guadalupe.


64 páginas • 11 x 17 cm

 



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