Editorial

Editorial

URL del sitio web:

ENTREVISTA.-


Cristo Vive, ¡Aleluia! entrevistó a Felipe Tami, economista argentino, quien se refirió a los desafíos de una economía que respete una visión integral del ser humano.


Para el expresidente del Banco Central de la República Argentina, el hombre no debe estar regido por la economía sino que esta tiene que servirlo. Felipe Tami, asesor del Instituto para la Integración del Saber de la Universidad Católica Argentina, presentó su punto de vista sobre las posibilidades de que esto ocurra.


-> Desde su experiencia no solo como economista sino como ciudadano, ¿a qué le atribuye que los temas económicos estén presentes en todos los ámbitos de discusión?


- La economía tiene una influencia decisiva en aspectos fundamentales de la vida de los seres humanos, por eso es natural que esté presente tanto en nuestras preocupaciones como en los debates públicos y en los medios de comunicación. Es una presencia que se siente particularmente en la era de la globalización, ya que muchas veces hace notorios los fenómenos críticos que motivan el descontento de la gente ante las disparidades e injusticias que existen en el mundo. Es lo que ocurre con la pobreza y las variadas formas de exclusión que padecen grandes grupos de población, por ejemplo, en los países menos desarrollados. Allí se manifiesta dramáticamente el contraste con el mundo más avanzado, en el cual el producto por habitante cuadruplica al de los países emergentes. 


-> Estamos hablando de una seria preocupación


- Obviamente, ya que esta disparidad alcanza su mayor dramatismo en fenómenos tales como la pobreza, el desempleo, la proporción de empleos precarios y afecta en gran medida a los jóvenes que ven cancelado su horizonte de vida. Las flagrantes injusticias sociales afectan la vida de millones de seres humanos y vulneran principios morales de las personas y las sociedades. No es de extrañar que esta situación genere en muchos ámbitos frustración y disconformidad, y que ponga en cuestión las bases sobre las que se asienta el sistema económico y social. 


-> ¿Por qué se genera tal disconformidad con respecto a la economía en la sociedad? 


- Es frecuente que se identifique como causa de semejante malestar el funcionamiento de una economía que contradice las aspiraciones naturales de los seres humanos, dejando a un sinnúmero de ellos al margen del acceso a un nivel de vida decente. Se ve a la economía, en muchos casos, como enemiga del hombre al que debería servir, y se percibe que los economistas no ofrecen las soluciones para un mundo más justo, mientras que permanecen en el ámbito de una ciencia deshumanizada, cuya lógica es ajena a problemas de tal envergadura. 


-> ¿Cómo se vincula el hombre con la economía?


- En la versión estilizada de la teoría económica corriente, toda acción humana en el campo de la economía involucra una relación entre los objetivos que se relacionan con los bienes materiales (las preferencias, en el lenguaje de los economistas) y los medios (recursos) de que dispone cada sujeto. Como los bienes son limitados y los objetivos no lo son, los sujetos requieren decidir qué priorizar en la demanda de los bienes a los que tienen acceso, según su escala de necesidades o deseos. La interacción entre compradores y vendedores de un bien determina su precio, y este, en el análisis teórico que excluye juicios de valor, no puede calificarse de justo ni injusto. La forma ideal del mercado como ámbito de los intercambios es la llamada “competencia perfecta” en la que todos los participantes tienen la misma información, cualquiera sea la escala de sus prioridades, y ninguno puede tener una posición dominante que le permita condicionar las decisiones de los demás. 


- >  Pero no es el intercambio económico más habitual. 


- Desde luego que es solamente una construcción ideal en la que no se toma en cuenta la existencia de los monopolios privados o públicos, las asimetrías de información y las “fallas del mercado”; pero la “competencia perfecta” es el punto de referencia con el que, en la teoría económica corriente, se comparan las formas de mercado realmente existentes. En ese plano abstracto se considera que la competencia perfecta, como construcción teórica, es un ordenamiento óptimo, ya que no se puede mejorar la situación de un sujeto sin empeorar la de algún otro. 


-> Usted plantea la economía actual como una competencia salvaje. ¿Hubo algún momento de la historia en el que no lo haya sido?


- En la Antigüedad, en la Edad Media y aun en buena parte de la Edad Moderna, la economía estaba ligada a la filosofía e, incluso, derivaba de ella y daba cabida a la moral. Luego, la economía quiso parecerse a la física y se desvinculó de la filosofía, dejando a un lado a los seres humanos. 


-> ¿Qué consecuencias tiene en la actualidad el que la economía se haya apartado de la reflexión filosófica?


- Nos encontramos ante el desconocimiento de que el hombre existe como fin en sí mismo y no solamente como medio, y tiene una dignidad propia en la que se fundan su libertad, sus derechos y sus deberes, así como sus aspiraciones y los fines a los que se orienta. De allí la diferencia entre la concepción de la economía neoclásica y la visión del humanismo cristiano, que reconoce la dignidad del hombre como hijo de Dios. El pensamiento católico expresado en la Doctrina Social de la Iglesia reivindica los valores humanos ausentes en la visión puramente analítica e instrumental de las acciones económicas.  


-> ¿Cómo debería ser la economía atenta a los valores humanos?

- Una economía que respete una visión integral del hombre debe atender tres planos: la realidad, la teoría y la doctrina (el sistema de ideas, creencias y valores). Y si es así, cabe preguntarse por qué habitualmente el conocimiento de la realidad económica genera monólogos separados e incomunicados entre moralistas y economistas. En la vida real, moral y economía no llegan a conectarse. 


-> ¿En qué fundamenta esta afirmación?


-Tal vez el caso más sobresaliente de esta escisión se observa entre los pronunciamientos de la Doctrina Social de la Iglesia y los enunciados de la teoría económica.  La economía piensa en términos de relaciones instrumentales moralmente neutras y por eso empobrece su horizonte al ignorar dimensiones esenciales de la persona humana. Por su parte, el teólogo no necesariamente toma en cuenta las complejidades y limitaciones de la vida económica real, y con ello su mensaje pierde relevancia para la humanidad concreta a la que está dirigida. Dicho mensaje, en efecto, está situado en el plano del “deber ser” y, a diferencia de lo que ocurre en el caso del economista, es esencialmente normativo y no solamente positivo. 


-> En su opinión, ¿no hay conciliación posible?


- No se trata de un diálogo definitivamente cancelado, y de ello hay indicios por ambas partes. Si bien la corriente dominante sigue siendo el mainstream neoclásico, donde impera la mera racionalidad instrumental, en la economía existen, desde hace alrededor de treinta años, corrientes renovadoras de la teoría como la Nueva Economía Institucional, que da cabida a los factores institucionales y culturales. En el estudio de problemas concretos como los involucrados en el desarrollo, la desigualdad o el alcance de la intervención del Estado, se ha hecho más frecuente la colaboración interdisciplinaria, y así se han desarrollado campos relativamente nuevos: la sociología económica, la corriente evolucionista, el estudio de la dimensión política de los problemas económicos o de los temas vinculados a la producción y distribución de los bienes públicos, entre otros. En estas nuevas orientaciones la teoría económica “se abre”, pero sin incorporar explícitamente juicios morales. 


-> ¿La Doctrina Social de la Iglesia, como referente moral, ha intentado acercarse a los economistas para trabajar en conjunto?


- En efecto, en la elaboración de documentos del magisterio social se ha utilizado la comunicación con economistas. Un caso notorio de colaboración es el que se dio durante el papado de Juan Pablo II, en la preparación de la encíclica Centessimus Annus. Para su redacción, fueron escuchadas las opiniones de un grupo de prominentes economistas de diversas tendencias científicas y creencias religiosas. El fruto de esta comunicación se refleja en la calidad del documento, que es reconocido en diversos ámbitos científicos internacionales. 


-> Y a la inversa, ¿los economistas han establecido un diálogo con la Iglesia? 


- No abundan las contribuciones significativas a una mejor comunicación con los principios de la Doctrina Social de la Iglesia. Sin embargo, existen aportes valiosos que han encontrado acogida positiva en revistas económicas internacionales de primer nivel, pero que no tienen la repercusión merecida. Hay aquí un desafío actual a los economistas católicos, que podrían contribuir con un aporte valioso al reconocimiento mutuo entre economía, moral y teología.


-> Desde el punto de vista moral y discipular, ¿cuál es el desafío de la economía en la actualidad?


- El ilustre maestro de la economía Alfred Marshall decía que la contribución del economista al bienestar de la sociedad consiste en poner una cabeza fría al servicio de un corazón caliente. Y, en sentido concordante, el Papa Pablo VI, en la encíclica Populorum Progressio, hace un llamado a los expertos de todo el mundo a poner sus conocimientos y experiencias al servicio de los hombres que aspiran a hacer, conocer y tener más para ser más. En definitiva, por uno u otro camino, aparece una exhortación orientada a la búsqueda de un objetivo superior: colocar la economía al servicio del hombre, un objetivo crucial para nuestro tiempo.


Equipo de Redacción

TESTIMONIO.-


DESPUÉS DE SU INTERNACIÓN, ELLA Y SUS FAMILIARES, CAMBIARON LA FORMA DE VIVIR LA FE.


Dios me resucitó muchas veces. Especialmente, me rescató del dolor y del desaliento en el que estaba antes de saber que Él Vive… Jesús me devolvió la vida, literalmente. Hizo un milagro en mí, no por merecimiento, sino para que otros crean.


Hace alrededor de diez años me diagnosticaron diabetes tipo 2. Los cuidados que hay que tener son parecidos a los de la “1” pero sin aplicarse insulina; yo, si bien hacía el tratamiento, no prestaba atención a la dieta.  


En febrero de este año, comencé a sentirme mal, muy agotada. Se lo atribuía al calor: hacía 15 días que la temperatura no bajaba de los 40 grados, pero en mi entorno pensaban que se debía a que trabajo demasiado y a que no suelo tomar vacaciones con frecuencia. 


Un día, cuando estaba en el trabajo, mi jefe insistió en que fuera a descansar y a ver al médico. Mientras volvía a casa, me di cuenta de que no tenía fuerzas para caminar. Decidí ir directamente al hospital y, quince minutos después, estaba internada con un pico de glucemia.


Le tengo aprensión a todos los procedimientos médicos pero ese día me encontraba con una profunda paz: sabía que Dios no me iba a abandonar. Una semana antes, había tenido una oración muy profunda en la que sentí que Él me tenía de la mano y que no me iba a soltar… y, quince días antes de mi internación, sin saber que estaba enferma, había ido a misa y recibí la Unción de los Enfermos, sacramento de fortaleza para los que sufren una enfermedad física o espiritual.


Mi estado era crítico; venían médicos de todas las especialidades a verme porque no entendían cómo estaba viva, consciente y lúcida con 1500 mg/dl de glucemia, cuando lo normal es entre 70 y 110.


Pasé la primera noche en la guardia conectada a cuanto aparato había. Tenía un enfermero parado a mi lado para controlarme todo el tiempo. Estaban alarmados; pero, si bien yo estaba grave, me recuperaba lentamente. Estuve diez días internada y, después, otros diez más en casa porque había perdido la vista. Mi mamá fue a vivir conmigo porque veía tan poco que había días en los que no podía ni cortarme la comida.


En ese tiempo, visité dos veces a la diabetóloga, quien me bajó en ambas ocasiones la dosis de insulina. Visité tres veces al oculista; él no deja de repetirme que mi recuperación es obra de Dios, porque recuperé la visión al cien por ciento.


El Señor me devolvió a la vida para que médicos y enfermeras crean en los milagros, para que mi familia rece, para que mi abuela vuelva a ir a misa, para que muchos vuelvan a la oración y se colmen de esperanza ante un Dios que escucha y obra, para que siga sirviéndolo y anunciando su amor y su poder. 


Nada hice para merecer esto: el Señor no tuvo en cuenta mi pecado, mi falta, el desamor a mí misma en el desorden de la alimentación ni mi falta de descanso: ¡solo se conmovió y me resucitó!

¡Dios no hace magia, hace milagros! 


Melina Escobar

Centro Pastoral de Castelar 

 Provincia de Buenos Aires

NOTA.-


Huracanes, terremotos e inundaciones son desastres naturales
que en estos últimos años afectan al mundo. Los científicos dan una respuesta acerca
de cuál es la causa de 
estos fenómenos.


Nuestro planeta está enfermo. Las amenazas ambientales, que rápidamente se intensifican en muchas partes del globo, dan como resultado la degradación del aire y del agua la limitación del acceso a este recurso y su calidad, la salud de los océanos y las costas, la pérdida de hábitats naturales, la degradación de la tierra y la merma de la biodiversidad. Juntos enfrentamos la violencia que Francisco describe en la Carta Encíclica Laudato si’ (LS): aquella que hay en el corazón humano “también se manifiesta en los síntomas de enfermedad que advertimos en el suelo, en el agua, en el aire y en los seres vivientes”.1


Además, el crecimiento de la población, la rápida urbanización de zonas antes deshabitadas, los niveles ascendentes de consumo, la desertificación, la erosión de tierras y el cambio climático se han combinado y han ubicado a muchos países en situaciones de emergencia climática. También, han producido escasez de agua y de alimentos. Los poderes económicos, tantas veces responsabilizados por el Papa Francisco, son los que justifican el actual sistema mundial. La búsqueda de la renta financiera tiende a ignorar los evidentes cambios climáticos y sus efectos sobre la dignidad humana y el medio ambiente; “así se manifiesta que la degradación ambiental y la degradación humana y ética están íntimamente unidas”, señala el documento antes mencionado. 


El Papa reconoce que los hábitos dañinos de producción y consumo nos quitan “la valentía de advertir la realidad de un mundo limitado y finito. Por eso, hoy cualquier cosa que sea frágil, como el medio ambiente, queda indefensa ante los intereses del mercado divinizado, convertidos en regla absoluta” (LS, 56).

Latinoamérica no es ajena a este problema. Un minucioso estudio de la ONU2 ha revelado recientemente qué problemáticas aquejan a la parcela del mundo que nos ha tocado custodiar. 



Las consecuencias del cambio climático

El instalado debate sobre la causa del calentamiento global terminó: los científicos concuerdan en que la actividad humana es la responsable de crear gases de efecto invernadero en la atmósfera que inciden negativamente en el planeta. 


Si bien las causas de este fenómeno son globales, los riesgos se transfieren regionalmente y, en muchos casos, a los países que menos han contribuido a generarlo. 


Algunas consecuencias del cambio climático en Latinoamérica y el Caribe son:

  • El retroceso de los glaciares andinos.
  • Los cambios en los caudales y la modificación de los patrones de descarga en los ríos en la región occidental de los Andes. 
  • El aumento de la escorrentía (agua de lluvia que circula libremente sobre la superficie de un terreno) en las subcuencas del río de La Plata. 
  • La decoloración de corales en la zona occidental del Caribe (más allá de los efectos de la contaminación y de las perturbaciones físicas). 
  • Mayor vulnerabilidad de las trayectorias de los medios de subsistencia de los agricultores  indígenas aymaras en Bolivia debido a la escasez de agua. 


Podemos constatar que esta amenaza existe: basta pensar en el cambio de la temperatura del aire, de los regímenes de precipitación y del nivel del mar. Se ha modificado notoriamente la frecuencia e intensidad de muchos riesgos climáticos (huracanes, terremotos, entre otros) que han incrementando la vulnerabilidad y erosionando la resiliencia de las poblaciones más expuestas, que usualmente son las que dependen de tierras cultivables, del acceso al agua y de temperaturas medias estables y lluvias. 

Hacia una solución definitiva

Ante un escenario que requiere acciones de protección, salvaguarda y recuperación, se precisa tomar medidas “de arriba hacia abajo”, es decir, que se lleven a cabo acciones de estado o de asociaciones multiestatales. Por ejemplo, uno de los objetivos de la conformación del Mercosur es la promoción y aplicación de las decisiones del Foro de Naciones Unidas para el Cambio Climático. A partir de él, se espera contribuir a la alineación de la región en las negociaciones internacionales, desarrollar capacidades técnicas para la transferencia de tecnología, promover la incorporación del cambio climático en las políticas nacionales y la colaboración entre el sector público y el sector privado en cuestiones relacionadas con esta problemática.


Por nuestra parte, como discípulos suyos, seguir a Jesús y contemplar su Creación nos debe conducir a un lugar de meditación, contemplación y respuesta personal frente a este escenario. Una guía para hallar posibles soluciones “de abajo hacia arriba” frente al deterioro de la Creación surgirán a partir de las siguientes propuestas:


Entrar en comunicación con lo creado: “Una ecología integral requiere apertura hacia categorías que trascienden el lenguaje de las matemáticas o de la biología y nos conectan con la esencia de lo humano. Así como sucede cuando nos enamoramos de una persona, cada vez que él [san Francisco de Asís] miraba el sol, la luna o los más pequeños animales, su reacción era cantar, incorporando en su alabanza a las demás criaturas. Él entraba en comunicación con todo lo creado” (LS, 11).


Generar un nuevo diálogo sobre el modo como estamos construyendo el futuro del planeta. Necesitamos una conversación que nos una a todos: familia, comunidades, grupos sociales, agrupaciones políticas, entre otros.


Administrar con conciencia de bien común: El medio ambiente es un bien colectivo, patrimonio de toda la humanidad y responsabilidad de todos. Quien se apropia de algo debe administrarlo en bien de toda la humanidad. Si no lo hacemos, cargamos sobre la conciencia el peso de negar la existencia de los otros. 


No renunciar a preguntarnos por los fines y por el sentido de todo (LS, 113).


Buscar la intención creadora y protectora de lo bello y su contemplación: esto nos conectará, como dice Francisco, con la auténtica humanidad “que invita a una nueva síntesis, parece habitar en medio de la civilización tecnológica, casi imperceptiblemente, como la niebla que se filtra bajo la puerta cerrada” (LS, 112).


Andrés Arias*

* Doctor en Ciencias Biológicas, docente e investigador del Conicet.

1. “El vínculo Dios-hombre-tierra” de P. Juan B. Duhau en Cristo Vive, ¡Aleluia! n°209, pp. 17-19.

2. Mirada Medioambiental Global GEO-6, un reciente documento de Naciones Unidas producido por 1203 científicos (Diciembre de 2016).

NOTA.-


La juventud es una etapa para decidir y optar por sí mismo y preguntarle a Dios:
“Señor, qué necesitas de mi?”


La juventud es un período de paso, no definitivo, pero sin embargo un momento en el que se maduran y asientan aspectos significativos de la persona. En términos generales, esta transición hacia la vida adulta que va delineando la propia identidad conlleva la toma de importantes decisiones y, por lo tanto, obliga, quizá más que en otros momentos de la vida, a reafirmar constantemente las opciones personales.


En las sociedades urbanas latinoamericanas actuales, la juventud tiene la particularidad de estar muy marcada por la adolescencia, etapa muy sobrevalorada culturalmente por la falta de responsabilidades y la “liviandad” con la que se toman las cosas. Sin embargo, la juventud es el momento de empezar a dejar atrás algunas características adolescentes para empezar a adquirir las de la madurez: se deja de lado la seguridad que dan el espacio reglado de la escuela y los adultos (la distribución ordenada de horarios y actividades, sus indicaciones sobre lo que se espera que uno haga, la regulación en los permisos, entre otros) y se comienza paulatinamente a elegir cada vez más cosas por uno mismo. El joven abandona opciones que otros han tomado por él y se enfrenta al desafío de decidir y optar: la vocación, el estado de vida, la profesión, el trabajo, el manejo del dinero, del tiempo, entre otros. En este sentido, la juventud es una etapa en la que uno se encuentra con mayores libertades para decidir y optar por sí mismo.; por eso, se convierte en un tiempo privilegiado para el encuentro con Dios, para preguntarle a Él qué camino tomar y con qué criterios elegir. Nuestro Creador nos invita a compartir con Él la construcción de nuestra identidad y de los proyectos de vida. 


Muchas de las opciones de esta etapa se convierten en cimientos para toda la vida. En este sentido, se vuelve vital cultivar el vínculo con Dios, ir a lo profundo, dejarnos interpelar por Él para construir con el Señor nuestra casa, nuestra vida. “Así pues, quien escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a un hombre prudente que construyó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, crecieron los ríos, soplaron los vientos y se abatieron sobre la casa; pero no se derrumbó, porque estaba cimentada sobre roca” (Mt 7, 24-25). Jesús nos advierte, como lo hace con sus discípulos, lo significativo que se vuelve el tiempo de poner las bases y lo importante que es que tengan la solidez de su Palabra.


Para construir nuestra vida desde la búsqueda discipular, el vínculo con el Creador requiere de una mayor madurez, de dejar atrás un modo infantil de vinculación, en el que nosotros le pedimos a Dios lo que necesitamos, queremos y deseamos. La invitación de Jesús es establecer un vínculo más maduro: “Mientras yo era niño, hablaba como un niño, sentía como un niño, razonaba como un niño, pero cuando me hice hombre dejé a un lado las cosas de niño” (1 Cor 13, 11). La propuesta de Dios se vuelve contracultural si, tal como mencionamos, vivimos en una época en la que la adolescencia se trata de prolongar lo máximo posible por la negación a asumir mayores compromisos y responsabilidades. En este sentido, es un gran desafío diferenciarnos de esta tendencia de nuestra época, ponernos de cara Dios con toda nuestra vida y disponernos para la construcción de su Reino y decirle: “Señor ¿qué necesitas de mi?, quiero poner mi vida a disposición tuya para la construcción de un mundo distinto”. 


Para el camino discipular, la libertad es una herramienta, una oportunidad que regala Dios para acercarnos más a Él, para dejar que nos ayude a “armarnos”, a “construirnos” e “identificarnos” como discípulos suyos en esta tierra. Toda la libertad que se adquiere carece de sentido si la utilizamos tal como nosotros queremos para servir solo a nuestras necesidades o a nuestros placeres. La propuesta de Dios, justamente, es que despleguemos una libertad responsable, que no tiene que ver con hacer lo que uno quiere, sino con ofrecer nuestras nuevas posibilidades, nuestros dones para buscar libremente la plenitud en el amor, porque nosotros “hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él. Dios es amor y el que permanece en el amor permanece en Dios y Dios permanece en él” (1 Jn 4, 16).


 Luciana Sánchez*

Centro Pastoral Janer

Buenos Aires


*Licenciada y Profesora en Ciencias de la Educación. 


Para tener siempre presente
 

En la sociedad en la que vivimos se publicita y se pondera que la persona pueda ser completamente libre y elija de acuerdo con su parecer el curso de su vida. Sin embargo, fuimos creados por un Dios que es Amor y que nos creó con el fin último de amar. Él nos invita a aspirar al don más perfecto, a lo que le da sentido a cada cosa que vamos desarrollando en la vida. En esta etapa de tanta libertad, cuando hay que tomar decisiones y hacer opciones, la invitación que recibimos como discípulos de Jesús es a buscarlo, a construir un vínculo de madurez con Él para que nos guíe en el camino sin perder de vista para qué fuimos creados y cuál es el fin último de cada cosa que elegimos.

Esta frase corresponde a uno de los últimos tuits del Papa que nos alienta a vivir la “cultura del encuentro”. Sin duda, este es un desafío que abarca todas las latitudes del planeta en donde las diferencias de raza, religión, costumbres, etc. destacan lo que nos separa en vez de lo que nos une. Eso es lo que se expresa en la nota Corea, tierra de mártires.


Francisco también insiste en cortar las raíces venenosas de la corrupción del corazón humano y nos anima a construir Un mundo honesto. Él nos exhorta a amar “de verdad y con obras” (1 Jn 3, 18); por eso, surge la iniciativa de celebrar la I Jornada Mundial de los Pobres, en la que invita a tener gestos solidarios con los más necesitados.


Si adherimos a esta propuesta, como Pueblo de la Nueva Alianza podremos anunciar La insondable grandeza de Dios –que describe el P. Ricardo– y ser artífices en nuestra sociedad materialista de Una economía al servicio del hombre. Así, entre todos, lograremos cuidar y defender a nuestra Tierra amenazada.


En este último número del año, presentamos testimonios que nos revelan cómo obra Dios cuando se busca vivir en discernimiento, diálogo y oración cada aspecto de los proyectos familiares o personales. También acompañamos el camino hacia el Sínodo de obispos 2018 con la publicación Tiempo de decisiones.


Es nuestro anhelo que en este año litúrgico que se avecina “se manifieste (…) la realeza de Cristo [que] emerge con todo su significado más genuino en el Gólgota, cuando el Inocente clavado en la cruz, pobre, desnudo y privado de todo, encarna y revela la plenitud del amor de Dios”1 para que, como hermanos, podamos hacer realidad el deseo del Señor: “Que todos sean uno (Jn 17, 21). 


Laura di Palma


1.Extracto del mensaje de Francisco para la Jornada Mundial de los Pobres (junio 2017).

El evangelio cotidiano para meditar y orar.
 

Con frases del Papa Francisco.


carrito
Comprar aquí


En tu Palabra echaré mis redes

Tamaño: 15 x 10 cm - vertical

Código: CNC003

Yo vengo a traerte vida, vida en abundancia.

Tamaño: 15 x 10 cm - vertical

Código: CNC001

«InicioPrev12345678910PróximoFin»
Pág. 1 de 11