Francisco nos enseña que la vida de fe necesita fuerza y valentía para resistir a
las tentaciones del diablo y para anunciar la verdad.
El enemigo es real
Alguien podría preguntarse si la salvación que nos da Jesús es gratuita. Sí, lo es, ¡pero tú tienes que defenderla! Y, como escribe Pablo, para hacerlo es necesario revestirse con la armadura de Dios, porque no se puede pensar en una vida espiritual, en una vida cristiana sin resistir a las tentaciones, sin luchar contra el diablo. ¡Y pensar que han querido hacernos creer que el demonio era un mito, una figura, una idea, la idea del mal! En cambio, el tentador existe y nosotros tenemos que luchar contra él.
Un desafío cotidiano
No se trata de un enfrentamiento sencillo, sino de uno continuo contra el príncipe de las tinieblas. Se necesita fuerza y valentía. De ese combate personal se nos ha enseñado que los enemigos de la vida cristiana son tres: el demonio, el mundo y la carne. Se trata de la lucha diaria contra la mundanidad y contra la envidia, la lujuria, la gula, la soberbia, el orgullo y los celos, pasiones que son las heridas del pecado original.
La armadura de Dios
El diablo no nos arroja flores sino flechas llameantes, venenosas, para matar. El escudo de la fe no solo nos defiende, sino que también nos da vida. Y con esto, dice Pablo, podremos apagar todas las flechas encendidas del maligno (Cf. Ef 6, 11-20). El apóstol nos dice: “Estén firmes; ciñan la cintura con la verdad”. Por lo tanto se necesita, ante todo, la verdad para el combate, porque el diablo es el mentiroso, es el padre de los mentirosos. Luego “se necesita revestir la coraza de la justicia”; en efecto no se puede ser cristianos sin trabajar continuamente por ser justos. “Los pies, calzados con la prontitud para difundir el Evangelio de la paz”. El cristiano es una persona de paz, de lo contrario hay algo en él que no está bien. Esta virtud es la que da fuerza para la lucha.
Examinar nuestras creencias
Dice también Pablo: “Calcen el escudo de la fe”. Y podemos preguntarnos: ¿cómo está mi fe?, ¿creo un poco sí y un poco no? Cuando recitamos el Credo, ¿lo hacemos solo de palabra? ¿Somos conscientes de que sin fe no se puede seguir adelante, no se puede defender la salvación de Jesús? En el Evangelio de Juan, Jesús cura al joven en cuya ceguera los fariseos no querían creer. Jesús le pregunta al muchacho: “¿Crees en el Hijo del hombre? ¿Tienes fe?”. Lo mismo nos dice a nosotros todos los días. Una pregunta ineludible porque si nuestra fe es débil, el diablo nos vencerá.
La victoria de Dios en nuestra vida
La armadura del cristiano está compuesta también por el casco de la salvación, por la espada del Espíritu y por la oración. Pablo nos recuerda: “Oren en toda ocasión”. No se puede llevar adelante una vida cristiana sin la vigilancia. Por eso nuestra vida puede considerarse una batalla. Pero es una lucha bellísima, porque nos da esa alegría de saber que el Señor ha vencido en nosotros con su gratuidad de salvación. Sin embargo, somos un poco perezosos y nos dejamos llevar por las pasiones, por algunas tentaciones. Pero aunque seamos pecadores no debemos desalentarnos, porque el Señor está con nosotros; es Él quien nos ha dado todo y nos hará vencer en nuestra batalla cotidiana con la gracia de la fuerza, la valentía, la oración, la vigilancia y la alegría.
Francisco
Fuente: Extracto de L’Osservatore Romano, n° 45, (7-11-2014).
Publicado en revista Cristo Vive, ¡Aleluia! N°199

