No quería pasar más tiempo sin compartirles algo de la abundante gracia derramada en el Retiro Mariano de San Juan. Participaron alrededor de 70 personas, lo que es muchísimo. Uno de los momentos más fuertes fue la entrada de la Guardiana de la Fe (una imagen que les traje de Ecuador y que se quedó en San Juan), la entraron Enrique y Viviana Conti y fue un momento de gracia, de mucha emoción para los hermanos, también de sanidad para algunos y de recibir a María por primera vez en sus corazones, para otros, especialmente los más nuevos. Hubo un grupo de adultos, padres de los chicos de los grupos que se acercaron a hacer el retiro, en su mayoría para ver en que estaban sus hijos y otros por la insistencia de los hijos, y tuvieron una experiencia muy fuerte. Algunos se reencontraron con Dios, muchos redescubrieron o recibieron a María como Madre. Los testimonios fueron muy lindos y los padres pidieron un grupo para ellos, quieren ser parte del movimiento y decían que ahora sí entendían que los chicos se pasaran toda la tarde en el grupo de oración.
Un signo muy significativo fue que el domingo al mediodía, estábamos terminando el rosario en la Capilla, en torno a la Guardiana y se produjo un fuerte temblor de tierra, de grado 6 (cuando es 7, ya es un terremoto, para que se den una idea). Las imágenes de la capilla que eran grandes bailaron y en el techo de madera se produjo una ondulación. Esto acompañado de un ruido como una explosión. En ese momento un papá nos indicó que no había que salir porque la construcción era anti-sísmica y era más seguro estar adentro que afuera. Alguien expresó en alta voz MARIA, y todos nos aproximamos a la Guardiana, se generó una oración muy fuerte, con los más antiguos, los más nuevos, los padres… fue un momento de opción, de fe, de ofrecimiento de nuestras vidas al Señor ya la Madre. Muchos lloraban (San Juan ha tenido una historia de terremotos en los que todos han perdido familiares muy cercanos y los mayores han visto la ciudad destruida y ellos han quedado atrapados por días, en algunos casos).
Pero a nosotros nos invadió la paz, la certeza de que estábamos en el lugar más seguro, así temblara el mundo, nosotros íbamos a permanecer junto a María y siguiendo al Señor. Fue una experiencia muy fuerte para todos y de mucha sanación interior, especialmente para las personas mayores que testimoniaban el paso del Señor, ya que nunca podían pasar un temblor fuerte, sin entrar en pánico o
salir corriendo; sin embargo sintieron que la Madre nos abrazaba y nos decía Aquí estoy. Sin duda para todos fue un paso de gracia y un signo en el retiro que se completó con el video de la Pascua de Ecuador y un hermoso diálogo pastoral.
Lili guita
Publicado en la revista Cristo Vive, ¡Aleluia! N° 113

