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Defender a los más pequeños

En distintas partes del mundo, se vulneran los derechos de los niños. Sin embargo, existen agrupaciones solidarias que hacen lo posible para que estas problemáticas dejen de existir. Los medios […]

En distintas partes del mundo, se vulneran los derechos de los niños. Sin embargo, existen agrupaciones solidarias que hacen lo posible para que estas problemáticas dejen de existir.

Los medios de comunicación una y otra vez nos muestran situaciones de violencia de las que los chicos son víctimas. Por un lado, existe una tendencia creciente a difundir estos acontecimientos, sin embargo prácticamente las noticias se limitan a aquellos sucesos que transcurren en nuestro país. Al igual que en la Argentina, en otros lugares del mundo los derechos de los niños se ven vulnerados: existen casos de jóvenes discriminados por tener una discapacidad, de “niños soldados”, pequeñas obligadas a casarse y chicos sometidos a la hambruna. A pesar de que los distintos Estados no hacen lo suficiente para asegurar su bienestar, existen asociaciones que intentan hasta lo imposible por preservarlos, aunque los noticieros generalmente no hablen de ellas.  

UNA MULTA POR NACER

En China existe una alta tasa de niños discapacitados que fueron abandonados por sus familias. Ellos pasan su vida institucionalizados sin la mínima expectativa de ser adoptados. ¿A qué se puede deber el rechazo social hacia ellos?

No es un dato menor que los adultos de este país hayan crecido con la “política del hijo único”, un sistema de control de la tasa de natalidad que estuvo vigente desde 1979. Cuando el Partido Comunista la implementó, el objetivo era regularizar los índices demográficos del país; consistía en favorecer a las parejas que se limitaban a tener un solo hijo mientras que se multaba a las familias numerosas. Una lamentable consecuencia de esta restricción fue el abandono de muchos niños, en particular de aquellos con discapacidades y de niñas (la preferencia tradicional era por los varones), infanticidios y abortos clandestinos. 

Después de 35 años de sancionada la ley, se comenzó a permitir que las familias tuvieran dos hijos porque, al igual que en gran parte del mundo, la tasa de natalidad comenzó a caer. Sin embargo, la selección de qué embarazo llevar adelante y qué niño criar, sigue estando naturalizada en esa sociedad, lo que da como resultado numerosos casos de abandono, especialmente de niños discapacitados.

Para ayudar, un grupo de consagradas de Hebei fundó hace casi 40 años el orfanato “Amanecer Brillante”. Debido al rechazo del Partido Comunista a la religión, en sus comienzos no fue financiado por el gobierno, ni tampoco lo es en la actualidad, ya que el estigma hacia las distintas prácticas religiosas sigue vigente en el ámbito de la política. Sin embargo, las monjitas no bajaron los brazos y mantienen su hogar con su dinero y las donaciones de los hombres y mujeres de buena voluntad. De la misma forma, en otras ciudades se crearon orfanatos que se sostienen gracias al esfuerzo de las hermanas de distintas congregaciones.

PIEL Y HUESO

En Somalia (África), especialmente los menores de cinco años son vulnerables a la desnutrición. Se estima que en la actualidad hay 200.000 niños que están desnutridos y que 38.000 de ellos se encuentran en un estado deplorable de salud. A la falta de alimento se le suma el problema del agua. Si bien todos los niños deben tener derecho a contar con agua potable que haya sido tratada en condiciones de salubridad de manera correcta, muchos se enfrentan con un obstáculo real para acceder a ella. 

En África, hay escasas lluvias durante el año, por lo que nos encontramos ante regiones propensas a padecer largos y continuos episodios de sequía. Pero, además, el cambio climático está recrudeciendo aún más los problemas de agua, lo que contribuye a la evaporación de ríos y lagos, y esto se traduce en una gran pérdida de recursos naturales. 

La ONG Acción contra el Hambre colabora con las necesidades de alimento y agua segura y lleva su personal capacitado a los centros de atención médica de las zonas más recónditas. También distribuye agua mediante camiones cisterna en las zonas afectadas, habilita tanques y depósitos de agua, perfora y descontamina pozos, instala bombas de agua, protege manantiales naturales y acuíferos, entre otras acciones que permiten que el agua llegue a las comunidades y centros de salud a los que es difícil acceder.

CON UNA AMETRALLADORA EN BRAZOS

En el mundo, actualmente hay entre 250.000 y 300.000 niños luchando en conflictos armados. Son reclutados a partir de los 10 años para ser utilizados como máquinas de guerra. 

En ciertos lugares, los niños son considerados adultos desde los 14 años, por lo tanto un joven que se une a un grupo armado es considerado un soldado adulto, de acuerdo a su propia cultura, a pesar de que la Convención Internacional sobre los Derechos del Niño establezca que la adultez comienza recién a los 18 años. 

Para algunos, convertirse en soldados es una decisión consciente, sin embargo otros se ven presionados por sus familias o son secuestrados. Sea como fuere, en la fuerza armada desarrollan su personalidad, se distancian de sus familias y su comunidad, y son privados de asistir a la escuela, por lo tanto sus opciones de un futuro mejor se reducen.

Unicefcuenta con un programa de asistencia para los niños que se encuentran en esta situación. El primer paso es establecer contacto con los grupos armados para que los liberen. Cuando lo consigue, lleva a los niños a un centro de tránsito donde estos reciben asistencia médica, psicosocial y jurídica. A los adolescentes también se les brinda formación profesional y ayuda para iniciar un pequeño negocio. Se hace lo posible por encontrar a los familiares de los niños. Si no los halla o no logra que acepten hacerse cargo de ellos, busca familias que puedan tratarlos con el cariño y el apoyo que necesitan. Por último, trabaja con las comunidades a las que van a volver para que los acepten como miembros y les den una nueva oportunidad. 

NIÑAS Y ESPOSAS

Se estima que cada dos segundos una niña en el mundo es obligada a casarse. Más de 90 países permiten por ley el matrimonio de las menores de edad con el consentimiento de los padres. La mayoría que lo hace debe abandonar su educación y está expuesta a sufrir violencia sexual, enfermedades y embarazos antes de que su cuerpo esté preparado para eso. 

Las bodas infantiles se dan en cualquier continente, idioma, religión o clase social. En países con altas tasas de matrimonios tempranos, como Afganistán, los maridos son hombres jóvenes, viudos de mediana edad o secuestradores que las someten primero y luego las reclaman como esposas. Algunas de esas uniones civiles son consideradas meras transacciones comerciales para saldar deudas o resolver conflictos familiares. 

Las presiones sociales a las que las niñas están sometidas hacen que su infancia se acorte. Por eso, los miembros de la ONG Skateistantiene un particular método para ayudarlas a empoderarse: les enseña a andar en skate. El objetivo de la organización es que dominen la técnica para asistir a la escuela, ya que el uso de bicicletas por parte de niñas y mujeres está prohibido. También las motiva a convertirse en líderes, a valorar su voz y revelarse frente a las injusticias a las que son sometidas. Por todo esto, en septiembre de 2012, cuatro miembros de la organización fueron asesinados en un ataque terrorista. Sin embargo, la ONG no bajó los brazos y continúa hasta hoy brindando su asistencia de esta manera. 

Estos son solo cuatro casos en los que los derechos de los niños se encuentran vulnerados. Lo cierto es que existen muchos más a lo largo y a lo ancho del mundo; pero  mientras haya personas de buen corazón dispuestas a dar una mano, nada está perdido. Ante las injusticias que sufren los pequeños, la pregunta que nos surge naturalmente seguramente es “¿por qué Dios permite que pase esto?”. Sin embargo, el desafío está en cambiar nuestro punto de vista y ponernos a disposición del niño que sufre. Preguntémonos entonces: “¿Qué quiere el Señor de mí en esta situación? ¿Cómo puedo ayudar?”. 

Lara G. Salinas

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