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Transformar el temor en confianza

El miedo muchas veces es necesario para preservar la vida; sin embargo, también puede paralizarnos.

No  teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma” (Mt 10, 28). Esta cita bíblica que se centra en el temor es muy propia del momento que estamos viviendo. Estamos asustados y temerosos, sentimos constantemente que tenemos que defendernos del virus que nos amenaza; pero el Evangelio nos dice: “No teman”. Allí está la confianza que debemos tener en el Señor, porque él está por encima de todo.

El miedo, una forma de cuidarnos

El miedo es algo muy propio del ser humano. Nos acompaña desde el principio de la Creación, como podemos leer en el libro del Génesis. El hombre no fue creado para morir, aun cuando se pudiera pensar que las circunstancias que estamos viviendo en la actualidad demuestran lo contrario. La muerte en sí misma es consecuencia del pecado, y el pecado significa la muerte del alma. A esto sí hay que tenerle miedo, a perder nuestra alma. 

Ese temor de los primeros tiempos de la Creación, en este sentido, nos ha permitido defender la vida hasta nuestros días, considerando por ejemplo los progresos que se hicieron en la medicina. Pero también el temor puede paralizarnos y no dejarnos crecer, como cuando tenemos miedo de ser nosotros mismos, de expresarnos con libertad; en ese sentido, estamos negando nuestra vida. 

Cuando nos sentimos en peligro, le reclamamos a Dios que nos proteja, como lo hizo el profeta Jeremías, cuando todavía no había cumplido veinte años: “Hasta mis amigos más íntimos acechaban mi caída” (Cf. Jer 20, 10-13). Pero Jeremías era una persona que vivía intensamente la vocación profética, porque confiaba en Aquel que estaba por encima de la muerte: “Sé de quién me he fiado”. 

Vivir en la gracia de Dios nos saca de la muerte.

Pero sí, hay algo que está rondando la muerte del alma, y es el relativismo reinante en nuestra cultura. Existe una sutil red de indiferencia, de burla implícita y de desprecio frente a Dios. Pareciera que, para muchos, da lo mismo que Dios exista o no. 

Sin embargo, a nosotros nos toca transformar el miedo en confianza porque como dice san Pablo en la carta a los romanos: “Si la falta de uno solo provocó la muerte de todos, la gracia de Dios y el don conferido, por la gracia de un solo hombre, Jesucristo, fueron derramados mucho más abundantemente sobre todos” (Cf. Rom 5, 12-15).

Una vida santa

Hoy tenemos una invitación a vivir en la gracia de Dios que nos saca de la muerte y nos impulsa a vivir santamente la vida. Sobre todo, nos proyecta a vivir en la eternidad, en la plenitud de la vida que hemos recibido. Creo que tenemos que pedirle a Dios esta gracia. Y al mismo tiempo, porque eso también nos preocupa, pedir por la creación de la vacuna que necesitamos. El avance de la medicina en este sentido es el que nos sacaría del miedo humano que tenemos. 

Pidámosle al Señor la confianza de Jesús y de María, porque muchas cosas vienen a través de María, como ocurrió en Caná: “su súplica, a través de Jesús, todo lo consigue”*. 

Padre Ricardo, MPD

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