Una nueva identidad

Después de años de búsqueda, Florencia descubrió al Dios vivo en el catolicismo.

Durante mi infancia participé junto a mi familia de la Iglesia Adventista del Séptimo Día hasta que me mudé a Rawson, en la provincia de Chubut. Luego del traslado con mi hermano intentamos seguir asistiendo, pero allí no fuimos muy bien recibidos. Intentamos en Trelew y tampoco lo logramos, entonces dejamos de buscar. Fue la primera vez que no participamos de nada de la iglesia durante todo un año.

Cuando tenía 13 años me invitaron a un retiro para jóvenes. Participé y, sin saberlo, esa se convirtió en mi primera experiencia dentro de la Iglesia católica. Me gustó y la amiga que me había invitado me dijo que había un lugar donde los chicos jugaban, tomaban la merienda y hablaban de Dios que se llamaba “oratorio”. Era los sábados a la tarde y, a pesar de las dudas que tenía, acepté ir. Ahí conocí a un miembro del Movimiento con quien compartí mucho sobre mi vida y mi infancia. Dos años después, cuando ya tenía 15, me invitó a un grupo que se reunía los sábados a la mañana llamado PCC (Proceso Comunitario para la Confirmación). Me surgieron nuevas dudas porque no sabía si mis papás me dejarían ir: esas mañanas estaban dedicadas a las tareas del hogar para luego participar del oratorio.

 Finalmente fui con la intención de conocer de qué se trataba y sin planes de participar pero me gustó mucho. Hablé con mis papás y mis catequistas hicieron lo mismo y, juntos, los convencimos para que me dejaran continuar. Al año siguiente me bauticé, tomé la comunión y me confirmé.

Sin embargo no permanecí en ningún grupo y recién un par de años más tarde empecé a hacer un proyecto de vida para jóvenes del secundario.1 Finalmente realizamos, junto con otros chicos que ya habían participado del proyecto, un retiro titulado “La Búsqueda”. Allí nos hablaron de un Dios que nos ama y nos llama. Así formamos luego un grupo de oración que sigue hasta el día de hoy.

Hace poco participé del retiro de anual de mi comunidad. Fue muy particular porque experimenté que Dios me llamaba a hacer un cambio rotundo en mi vida y revisar cómo vivía en este tiempo.

Desde que conocí a María, Guardiana de la fe, siento un llamado particular a entregarle la vida a Dios. Pero en esos días me di cuenta de que quería saltearme pasos, como, por ejemplo, aprender a enfrentarme a mí misma y a estar en paz conmigo, a vivir la vida comunitaria, etc.

Debí detenerme. Fue muy duro porque yo quería todo ya y Dios me mostraba que tenía que hacer un proceso. No quería aceptar. Cuando lo comprendí, dejé que Él me ayudara a aceptarlo y a cambiar. Hoy sigo en esta búsqueda.

En una ocasión, tuvimos la oportunidad de conocer al padre Ricardo, fundador del Movimiento de la Palabra de Dios. Conversé con él y fue de mucha ayuda. Es un anhelo para mí seguir empapándome del espíritu del Movimiento, conociendo más comunidades y hermanos.

Gracias al padre Ricardo por tanta entrega y dedicación, y por decir que sí. Ojalá algún día yo también pueda decirle que sí al llamado que Dios tenga para mí.

Florencia Esquivel
Rawson
Prov. de Chubut

1- Los proyectos de vida para jóvenes son talleres que tienen como objetivo generar preguntas y búsquedas sobre las metas a futuro, el propósito de la vida, sus valores y los medios necesarios para lograr los deseos de vida.

PUBLICADO EN REVISTA CRISTO VIVE ¡ALELUIA! Nº 204 (SEPT-OCT 2016)

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