500 años de evangelización en Filipinas

Cristo Vive, ¡Aleluia! marzo-abril 2021, lo celebra con el testimonio de:

Un catequista valiente

Un ejemplo de fe y de esperanza en Dios frente a la adversidad.

Afines del año pasado, el testimonio de vida del italiano Carlo Acutis tomó la atención de todos: un joven apasionado por el anuncio del Evangelio a través de Internet. Sin embargo, en la historia de la Iglesia ha existido una gran cantidad de jóvenes que han entregado la vida por dar a conocer a Jesús, como lo ha hecho Pedro Calungsod, otro “adolescente” ejemplo de santidad. Pedro nació en la isla de Cebú, Filipinas, en el año 1654, cuando ni siquiera existía la televisión como medio de comunicación.

Los jóvenes “pueden ganar valor y fortalecerse siguiendo el ejemplo de Pedro, cuyo amor por Jesús lo llevó a dedicar su vida a enseñar la fe como catequista”, sostuvo Juan Pablo II en el día de su beatificación, el 5 de marzo de 2000. En aquel momento el Papa lo llamó “buen soldado de Cristo”, ya que afrontó con valentía numerosos obstáculos, movido por un espíritu de fe. Pedro se caracterizó por una fuerte devoción eucarística y mariana, “agradó a Dios y fue amado por Él” y “habiendo alcanzado la perfección en tan breve tiempo, vivió una vida plena”.

VER MENSAJE DEL PAPA POR LOS 500 AÑOS DE LA EVANGELIZACIÓN DE FILIPINAS

Pedro Calungsod fue un jesuita que tenía tan solo 13 años cuando partió con un grupo de misioneros españoles a las Islas Marianas, un archipiélago al este de Filipinas, para evangelizar a los pueblos nativos.

A causa de su vocación misionera, fue asesinado con lanzas a la corta edad de 18 años. 

La evangelización como estilo de vida

El 15 de junio de 1667, Pedro llegó a Guam, una isla del océano Pacífico, junto al padre Diego Luis de San Vitores y un grupo de jesuitas, luego de ser elegido por el sacerdote como uno de los catequistas cuya fe serviría para acercar a los jóvenes a la Iglesia. 

Si bien la vida en el lugar no resultó fácil debido a las escasas provisiones de comida, la densidad de las junglas y los tifones que solían azotar la zona, los misioneros perseveraron y fueron muchos los que se convirtieron gracias a ellos.

Pedro Calungsod, un “adolescente” ejemplo de santidad.

Sin embargo, la hospitalidad de los habitantes locales no era absoluta, ya que los misioneros querían cambiar las prácticas tradicionales que no eran compatibles con el cristianismo. El 6 de abril de 1672, el padre de un bebé que había nacido en la isla se enfureció al enterarse de que los misioneros Diego y Pedro lo habían bautizado solo con el consentimiento de la madre y los atacó con lanzas. El valiente Pedro, a pesar de que tuvo la oportunidad de escapar, decidió quedarse junto al sacerdote y fue asesinado. Antes de morir, el padre Diego le dio la absolución sacramental a Pedro y murió también alcanzado por una de las lanzas. El Papa Benedicto XVI, en la canonización de Calungsod, el 21 de octubre de 2012, se refirió a la muerte del joven catequista como “ejemplo y testimonio valeroso” que inspira a “anunciar con ardor el Reino y ganar almas para Dios”.  

El 2 de abril de cada año, la Iglesia recuerda a este santo joven catequista.

Agustina Berenstein

Cristo Vive, Aleluia! N 226 (mar-abr 2021)

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