Una paz verdadera

Por caminos inesperados, Trinidad encontró su lugar.

Hace varios años, junto con dos de mis hermanos de sangre pertenecíamos a una “religión” hinduista, los Hare Krishna. 

Si bien Dios se había valido de ese espacio para darme la libertad y la paz que hacía muchos años buscaba, también estaba muy confundida ya que uno de los principios que se sostienen en esta práctica es que la vida espiritual está completamente disociada de lo material. 

Al tiempo, mi hermana sintió el deseo de acercarse a la reconciliación, debido a que nuestra madre siempre nos educó en el catolicismo, pero el Swami (en India, un título de respeto para un maestro religioso) le explicó que allí no se dispensaba ese sacramento. Ella fue entonces a una iglesia y logró confesarse. Desde ese momento acudió con menos frecuencia al templo hinduista y comenzó a buscar la verdad. 

No solo encontré un lugar que me contuvo, sino que descubrí que Jesús está vivo en la Palabra, en el otro y en la Eucaristía.

Mi miedo era que ella me convenciera, ya que yo consideraba que la Iglesia católica no me iba a poder contener, la consideraba tibia, sin fuerzas, que solo se trataba de la misa de los domingos. Con todas estas dudas, una noche me fui a acostar y, no sé si dormida o despierta, sentí una voz femenina que me decía “María, no tengas miedo, él es la verdad”. Comprendí que la Madre de Dios, la Virgen María, me había visitado. Luego de ello, con el corazón lleno de paz pude dormir. 

Al día siguiente mi hermana me comentó que un tío nuestro conocía un grupo católico que nos podía recibir, el Movimiento de la Palabra de Dios, y que en dos semanas celebrarían la Pascua e invitarían jóvenes. Con muchas ansias esperamos ese día y allí fuimos.

No solo encontré un lugar que me contuvo, sino que descubrí que Jesús está vivo en la Palabra, en el otro y en la Eucaristía. 

Desde ese día, el Señor me dio uno de los regalos más lindos de esta vida: una comunidad, hermanos en la fe que amo tan profundamente que ya no imagino una vida sin ellos. 

Hoy hace once años que pertenezco a la Obra junto con mi marido y papá de mis dos hermosos hijos. 

¡Gracias, Madre, por salir en mi auxilio, por hablarme y animarme!

María Trinidad Chávez
Centro Pastoral de Córdoba
Prov. de Córdoba

Publicado en la Revista Cristo Vive ¡Aleluia! Nº229 (SEP-OCT 2021)

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