En línea con las enseñanzas de Francisco en lo que respecta al cuidado de la Casa Común, y las últimas iniciativas de León XIV con la creación del Borgo, la Conferencia Episcopal Argentina, a través de la Comisión Nacional de Pastoral Social, fieles a su misión de promover el bien común y la custodia de la Creación, el 18 de febrero dio a conocer una carta abierta dirigida a los legisladores de la Nación Argentina, sobre la protección de los glaciares. Asumiendo como propias las palabras de Benedicto XVI, comienza la misiva: “La Iglesia tiene una responsabilidad de respeto a la creación y la debe hacer valer en público. Y, al hacerlo, no solo debe defender la tierra, el agua y el aire como dones de la creación que pertenecen a todos. Debe proteger sobre todo al hombre contra la destrucción de sí mismo” [Caritas in Veritatis, 51].
Por otra parte, un grupo de hermanos y hermanas del Movimiento de la Palabra de Dios que desarrollan propuestas en torno al cuidado de la casa común presentó una nota como expresión de apoyo a dicha comunicación: “Junto a los pastores de la Iglesia Argentina, nos proponemos dejar de ser espectadores frente a la modificación de la Ley de Glaciares, que nos deja expuestos. Con media sanción en el Senado y en pleno desarrollo de las audiencias públicas, el debate que pronto llegará a la Cámara de Diputados trasciende lo legislativo. En Lucas 23, 26-34, la Palabra nos interpela: ¿Quién es hoy Simón de Cirene, llamado a ayudar a llevar la cruz de toda la creación? La crisis ambiental es la cruz de nuestro tiempo y carga injusticias invisibles que atentan contra todos los tipos de vida. El cuidado de la casa común es un llamado de y para todas/os los creyentes. Si la riqueza incalculable de los glaciares se encuentra bajo amenaza… Si prevalece una visión de corto plazo que ignore la fragilidad de los ciclos de la naturaleza… Si se priorizan los beneficios de las grandes corporaciones por encima del respeto al ambiente y a la dignidad del trabajo y de la vida humana: ¿No es esta una oportunidad que nos desafía al discernimiento de otras alternativas productivas, sociales y políticas que coincidan con el Magisterio de la Iglesia? Como decía el Papa Francisco: «Cuando sólo se busca un rédito económico rápido y fácil, a nadie le interesa realmente la preservación (de los ecosistemas) El acceso al agua potable y segura es un derecho humano básico, fundamental y universal, (…) y por lo tanto es condición para el ejercicio de los demás derechos humanos.» (Laudato Sí’ nº 36 y 30, 2015). Estamos frente a una decisión fundamental sobre el modelo de mundo en el que queremos vivir y el que deseamos dejar a las futuras generaciones. Porque hoy, defender la creación es proteger al ser humano de su propia capacidad de autodestrucción.”

