Editorial de la Palabra de Dios

Apenas iniciado el 2026, el sábado 16 de enero, Monseñor Julito, como afectuosamente lo llamábamos, partió a la Casa de Dios Padre. Un gran pastor de la Iglesia que acompañó cercanamente el carisma del Movimiento en su llegada y desarrollo pastoral en Ecuador. En abril de 1995, siendo sacerdote jesuita, Terán Dutari recibió al Padre Ricardo y a Mercedes Guinle en el primer viaje que realizaron a ese país para conocer sobre los acontecimientos marianos de El Cajas, en Cuenca, sobre la Guardiana de la fe.

Relata el padre Ricardo de ese momento: “El encuentro con el padre Julio Terán Dutari ocurrió en la ciudad de Quito. Allí nos enteramos de que era el rector de la Universidad Católica de esa ciudad. Con Mercedes estuvimos dos días ahí y conocimos incipientemente esa bella ciudad edificada en la montaña. Con Terán establecimos una cálida amistad y él nos puso en comunicación con la joven vidente de Cuenca”.* Meses después de ese viaje, en julio, Juan Pablo II lo nombraría obispo auxiliar de Quito.

Unos años más tarde, en 1999, junto al discernimiento y acompañamiento de Monseñor Terán, se fundó la primera comunidad asociada misionera del Movimiento de la Palabra de Dios en Quito.

El vínculo con Monseñor Julito y el Movimiento creció en profundidad y compromiso mutuo. Viajó en varias oportunidades a Argentina para conocer más íntimamente la Obra. Participó de cantidad de reuniones de comunidad y de asambleas de oración. Realizó alguna de las Convivencias de verano y en el 2002 realizó el Retiro de la Alianza, núcleo de nuestro carisma.

Un hombre que nació bajo la protección de la Virgen María, un 15 de agosto de 1933. En 1963, fue ordenado sacerdote en la Compañía de Jesús y sus 62 años de ministerio sacerdotal dan testimonio de su fidelidad y amor por la Iglesia por la que tanto se entregó y predicó. Entre nosotros supo llamarse a sí mismo “el obispito del Movimiento”. Una de las últimas misiones fue su nombramiento como obispo de Ibarra, Ecuador. Damos gracias a Dios por el don de la vida de Julio Terán Dutari, por su entrega piadosa y su caudal de sabiduría que supo regalarnos con gran sencillez y humildad. ¡Oramos por tu encuentro con el Padre, querido hermano y pastor, Monseñor Julito! Intercede por nosotros.

*Di Palma, L., Madre de la Palabra de Dios y Guardiana de nuestra fe, Ed. de la Palabra de Dios, Buenos Aires, 2017, p. 24.